lunes, 24 de noviembre de 2014

 Entonces hubo un tiempo en el que comenzar escribiendo con la palabra entonces era un despropósito de texto dijo Raúl y se acercó al viejo equipo Philips de doble casetera y bandeja para vinilo. Y pensar que mi vieja dejó en la vereda un Winco para que se lo lleve el camión de la basura junto con una colección de discos de tango de la vieja guardia casi todos  rayados  con un cuchillo serrucho que no era Tramontina.
Raúl es así, sus recuerdos son Polaroid de colores singulares en donde una bici Aurorita con asiento banana y flecos en las manoplas se desplaza a todo pitoto por la plaza del pueblo hasta que lo detiene la pollera gris de una señora que se encaminaba a la iglesia.
Tuve un sueño hoy dice Raúl mientras revisa una bolsa donde están los vinilos : Alma de diamante, Sign´o  the times ( disco doble ),Los Iracundos, María Creuza y otros que no alcanzo a ver pero son mis discos. El sueño tenía la fotografía de una Polaroid, el paisaje era el río de mi infancia y el punto más alto:  la torre de la iglesia. Como la mayoría de los sueños carecía de historia lineal, era una tira de imágenes: la tapa del libro La gesta de Patagones, la unión de cemento entre dos piedras de la pared de la torre, la Aurorita, el postre Sandy, el escudo del mundial 78, una raíz debajo del agua. 
Deja que ponga este disco dice Raúl y saca un vinilo bastante limpio. ¿Sabías que mi hermano leyó Carrie, vió la primera versión de la película y luego la segunda, por cierto bastante mala, y en esa película hay un tema de fondo de un grupo yanky llamado Haerts que le dio un poquitín de publicidad el haber aparecido 20 segundo de fondo en una película mala ? Un hecho a lo Forrest pero sin tanta magnitud. Le contesto que nunca leí Carrie. Lo que tengo  es una versión de Cementerio de animales traducido por César Aira editado por Emecé en esa colección que arrasó en la década del 80. Dije más: lo único que leí de King fue El resplandor o la maléfica historia de un hotel sin corazón que enloquece al pobre escritor retrotrayéndole todos sus malditos demonios cuando éste, el escritor, está aislado con su familia en un hotel en medio de la nieve y los demonios. También incurrí en la historia de IT, ese libro alto de páginas con aires de Lovecraft, payaso asesino y recuerdos de infancia. En 22/11/63 el autor vuelve al mismo pueblo, se topa con alguno personajes de IT y juguetea otro tanto.
Raúl dice que no le interesa King pero si Aira al que está descubriendo ahora luego de la lectura de Cómo me hice monja y La cena.
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lunes, 13 de octubre de 2014

Intercambio de libros

 Intercambio de libros con V,  pasaje de volúmenes de una casa a otra para situarlos en el lugar habitual de los libros nuevos, los que transponen el umbral de la casa y de a poco se ambientan a la luz de las dicroicas del living, al foco de luz amarilla de la lámpara de dibujo que me vendió M,  a toda la secuencia que convierte a la casa en un organismo. Pero para esa operación  tuve que encarar con el auto por la ciudad vacía del sábado a la siesta. El puente, la barda y otro puente  que pasa por encima de la autopista, rulito de cemento con guardrail, hasta llegar a la casa de V.
V tiene una notebook de película de ciencia ficción conectada a dos  parlantes Edifier por los que suena la música de Talking Heads en un video de youtube. Es grandioso como vibran los graves de la guitarra de Byrne y el bajo de la chica de trajecito, o al revés.  Que triste tema Heaven.
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Me cuenta V que ligó unos libros para su cumpleaños. Los tenía todos apilados en la mesa redonda, sobre la pila un cenicero de metal repleto de puchos, es raro ver en estos tiempos a un tipo que fume demasiado. Recordé un cuento del libro Hombre salmonela en el planeta porno gentilmente prestado por Bss en la que se persigue animosamente al último fumador pero no lo matan, lo dejan de muestra. En la lista de libros había dos de Roberto Bolaño. No te conté que cuando estuve en Baires fui a ver la muestra Archivo Bolaño, dijo V. Curioso, agrego, mi hijo Tomás también vió una muestra  pero de Capusotto en Tecnópolis. No viene al caso desdeña V. La muestra Bolaño consistía en cuadernos, libretas, manuscritos ( ¿me habló de máquinas de escribir ? no recuerdo. )
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Viste el libro de Marcel Schowb Vidas imaginaria.  Así, en ese estilo, es Literatura nazi en América, dice V. Lo encuentro parecido también a Historia universal de infamia, inventando vidas de poetas argentinos, chilenos, colombianos. Vida de desarropados, poetas malditos que se arrastran por las calles de París, mujeres apasionadas, cretinos, aviadores, sátrapas, voluntarios de la guerra civil española pero del lado de Franco. 
¿Y la otra novela ? Esa que tiene el título dickiano : Los sinsabores del verdadero policía, la novela está dedicada, entre otros, a Philip Dick, pregunto. Ahh¡¡¡ esa otra es como un apéndice, tal vez exagero,  de la novela enorme 2666, publicada póstumamente por orden de su albaceas desoyendo el pedido de Bolaño  que pretendía que 2666 sea lanzada al mercado en 5 libros independientes, me informa V detrás de su cigarrillo. Cuando leas el prólogo darás con unas claves apetitosas. Si, digo y me llevo los dos libros de Bolaño, una novela de Martín Kohan Museo de la Revolución, bastante ploma, además del libro de Fabian Casas La supremacía de Tolstoi, donde se reúnen  los post que Casas publicó en su blog Los trabajos prácticos.
¿ qué me trajiste vos ? pregunta V mientras me pasa un mate. Saco de la bolsa de papel tres libros.
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jueves, 14 de agosto de 2014

ERA UN PUEBLO CON FÁBRICA Y PAMPA

Un milico de la revolución fusiladora tiene a la mujer más bella del pueblo en opinión de la muchachada( tiene es una palabra muy pretenciosa ). La mujer es copada no sólo por su belleza voluptuosa sino por su personalidad fuera de serie, avasallante y lo que se quiera incluir al listado de términos,   en un pueblo de provincia que creció a la vera del ferrocarril y una fábrica que se llama Glaxo.

La vida del pueblo es rutinaria: la barra de los muchachos que se encuentran en el bar. La ida al cine a ver una de pistoleros. Un viajecito  en tren a Buenos Aires. Salir de caza, pesca o andar a caballo por la pampa. La vida es  monótona. Hasta que un día la serie de sucesos aburridos se interrumpe, se triza por  circunstancias que el destino antepone y el muchacho de pueblo de esta novela breve,   se halla frente a la  mujer impresionante, distinta, con dueño ( bravo el trompa )que le da calce y lo aborda  . Si contara la  aventura  en el bar los muchachos no le creerían.Pero lo que parece una hazaña se convertirá en sentencia cuando el marido engañado intente dilucidar lo que una corazonada le dice.

Glaxo de Hernán Ronsino puso de relieve mis defectos de lector. Soy desatento y en este caso tuve que volver nuevamente sobre episodios para componer situaciones. 

De armado minucioso. Novela genial.

miércoles, 16 de julio de 2014

ALGO HA CAMBIADO

Imagen tomada de Internet



Hay libros que no te sueltan, no te largan por más que uno prefiera leer otro. No sé cómo se da ese fenómeno pero El común olvido de Sylvia Molloy editorial Norma colección la otra orilla es uno de ellos. Hace tiempo me había pasado la mismo con la novela de J. P. Feimann, La crítica de las armas,  que lo comencé a leer por la mitad un verano inclemente junto a la pileta del club y no la largué hasta el final.
No conocía nada de Molloy salvo que tiene el  mismo nombre que una obra de Beckett. Nada más. Una profesora de comunicación me preguntó si tenía su obra crítica. Nopo. 
El común olvido es la historia de Diego, un argentino que emigró hace 20 años junto a su madre a EEUU por cuestiones familiares, y regresa a baires a cumplir el último deseo de su madre muerta: que sus ceniza sean desparramadas en el río de la Plata. Sin embargo Diego siente que hay tantos baches en su memoria argentina que emprende una tibia busca de respuestas que lo llevarán a la verdad de varias cuestiones que él tenía irresueltas. Compartirá charlas con la familia paterna de ascendencia británica, recorrerá en el colectivo 60 un baires ajeno y desconocido. Conocerá a través de los amigos de su madre, a esa mujer que un día decidió partir a EEUU junto a él e instalarse en una casa a pintar.
 
Excelente novela que se desarrolla en Buenos Aires pero también meterá sus uñas en Nueva York y en el  París de la postguerra.

domingo, 1 de junio de 2014

Historia de amor casi no correspondido

Me preguntan qué libros de G. García Marquez leí y la verdad,  pocos. No recuerdo el argumento de 100 años de soledad pero si haberlo leído en una pieza de persianas bajas, un grabador Sony doble casetera, el disco Prive y nada más. Lo que si recuerdo es Relato de un náufrago y el de la muerte anunciada. Hubo un tiempo que no me interesó García Marquez, ni Cortázar ni Lezama Lima.
Por una cuestión de moda supongo, empecé a leer El amor en los tiempos del cólera y me atrapó, aunque  tardé casi un mes en terminar la historia de amor de Fermina Daza y el incansable Florentino Ariza, sus destinos con recovecos, la ciudad poblada de escribientes callejeros, caseríos miserables y el siempre olor a mar. 
Me pasa con esta novela que me quedan muchos recuerdos, como si la memoria de lectura estuviera colmada de  información y siempre puedo sacar un episodio, por ejemplo, el berretín de Florentino Ariza en querer recuperar un tesoro en el fondo del mar y las diez conquistas amatorias ( según el propio amador son como miles ) que lo mantendrán en forma para dar con su verdadero amor: la niña con postura de venada que lo saca de eje totalmente, un episodio que sucederá mil años después. 
Fermina Daza tomará dos decisiones importantes en su vida: la primera : cerrarle las puerta del corazón al famélico Florentino, pobre diablo enamorado. La segunda: casarse con el dr. Juvenal Urbino, capo total en todos los órdenes de la vida, que correrá la misma suerte que nuestro conocido amigo Ivan Ilich, tropezar en lo alto de una escalera.
Va y viene esta historia, a lo largo de 80 años, pero lo que puede decir don Florentino es "pero  antes de partir tuve tu amor", como dice el gran charly
 

viernes, 2 de mayo de 2014

El alma se salva

 El viento que arrasa de Selva Almada, editorial MarDulce, es una novela breve que se lee de un saque y este no es un dato menor porque siempre quiero terminar los libros que comienzo y hace un tiempo que fallo en este principio.
La historia se da en el chaco, en un lugar inhóspito, calor, polvo, bichos y al final una tormento de aquellas.
Los personajes son cuatro: un reverendo y su hija adolescente y por otro lado un mecánico y su criado-hijo también adolescente.Por esas cosas que sólo dios sabe el coche del reverendo va a parar a lo del gringo, un tipo parco que se da maña con los fierros. El taller es un conjunto de chasis desarmados y chatarra por doquier. Tapioca, su entenedo, es un muchacho que apenas suelta palabras, acostumbrado a la soledad de ese paraje donde cada muerte de obispo cae un cliente. La pareja visitante es todo lo contrario, una adolescente con los walk-man clavados en la sien, tiene sentimientos ambivalentes hacia su padre al que reprocha su chamullo cristiano y un asunto sin resolver. El reverendo, ya saben como son los reverendos de los libros.
Con un trasfondo de abandono, soledad y  vuelta a la infancia de parte de los mayores, la historia del reverendo, el gringo, Tapioca y Leni adquiere la potencia necesaria para liquidar la novela rápidamente. No sólo porque tiene un anzuelo importante sino porque el paisaje colabora en la creación de atmósferas opresivas, tormentas reparadoras,  calores estridentes de fuertes amarillos, resecos vientos traedores de bichos, lluvias purificadoras que hacen que los rostros chorreen el mismo agua que hace millones de años extinguió gran parte de la tierra ( me tomo el trabajo de ponerme religioso ).
En un momento de la narración uno de los personajes dice que últimamente su regreso a la infancia se da con mayor frecuencia, ese viaje, a la manera de Proust pero no tan sentido, es un elemento que juega un papel preponderante en El viento que arrasa.
Esta novela me recordó a dos que leí hace poco, una es Los living de Martín Caparrós, aunque es esa novela el pastor es un garca y la otra es la espectacular y siempre recomendada novela de Carlos Busqued Bajo este sol tremendo, historia situada en el chaco como esta, donde el clima es fundamental.
Recomiendo esta historia de salvación de almas y búsqueda de verdades.

sábado, 22 de marzo de 2014

Otro de Kawabata

Eguchi tiene 67 años y a diferencia de sus amigos y conocidos todavía es un hombre. Parece ser que sus amigos no funcionan y su búsqueda de recuerdos por la juventud perdida y la belleza que otrora asían se convirtió en un titulo cinematográfico: búsqueda implacable.No recuerdo el nombre del personaje que le pasa a Eguchi el dato de una casa que está al pie de un acantilado con rompientes donde le ofrecen un cuarto y una mujer dormida, inducida por tranquilizantes, para pasar la noche junto a la joven.

 
Imagen tomada de Internet



 Eguchi siente una curiosidad que raya con lo prohibido. No obstante y para saciar su implacable deseo, visita la casa. Comprueba que la chica con la que le toca dormir esa noche no alcanza los 20 años. Eguchi sabe que hay una regla de oro, no puede mantener relaciones con ella, solo debe mirar, tocar y lo que se plazca hacer. A él lo único que le sucede es un continuo despertar de recuerdos: una gotita de sangre en un seno, las flores de un cerezo, las hojas del arce tiradas en el piso, la historia triste de una de sus hijas.
Pasar la noche junto a una joven dormida le corroe la moral también el sueño.
Eguchi realiza varias visitas a la casa de las bellas durmientes. Todas le traen recuerdos que están vinculados con la naturaleza que circunda al cuarto, forrado con una tela color carmesí.
La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata, otro de sus incursiones por el erotismo y fantasía de un hombre en el otoño de su hombría.

De un paseo por los blogs

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