
También dice que una luz rosada le llenó la cabeza de información, un haz de luz como los que salen de los ojos del gato. Valis es el tipo de ciencia ficción que me gusta, en ella el autor provoca un coctel bastante efectivo: religión+tecnología+extraterrestres+deidades= una variedad de novelas que van desde las saga de Benitez hasta Matrix, obviamente Dick y Vonnegut ( insuperables )con su Las sirenas de Titán, en la que dios ya no es la tecnología, ni el que está en las nubes sino un tipo de carne y hueso. Estos son los recuerdos que me dispararon las primeras 60 páginas de El fondo del cielo, novela de Rodrigo Fresán a la que esperaba con ansias leer.
Y ahora que la tengo...sus 272 páginas que dan pista libre a la vos reconocible de Fresán y sus frases: "de acuerdo", "tengo que decirlo"," y, si", y todavía se me escapan algunas.
Fresán y su manera coloquial de expresar los más profundos sentimientos como a veces lo he leído en Cheever, pero el norteamericano está traducido, quizá aquí me engañe y escriba por escribir. Tal vez tomé esta seguridad de opinar al leer el episodio de la chica que habla desde la década del 60 desde un suburbio, Cheever, no escribía acerca de eso? como la película de Kate Winslet y Leonardo Dicaprio. Es el episodio del cuadro del pintor suicida, el que vivió el horror de los progrom y por eso pintaba rectángulos oscuros simulando fosas.Esto no aparece en la novela, lo de la chica y el cuadro si.
Los personajes de la novela son tres o cuatro. En un tratamiento de la historia poco convencional, viajes hacia adelante y atrás . Están: la caída de las torres y la guerra del desierto, la guerra del imperio.
Pero fundamentalmente hay una crítica al género de ciencia ficción, una división de aguas, un demarcado entre las que hacen punta con la ficción tecnológica del futuro o la ficción freak del pasado como un Proust más sofisticado o menos sofisticado, ¿qué problema?. El pasado es lo más maleable que poseemos y la recuperación de lo perdido es un viaje.
Pero hay tanto que queda después de leer a Fresan. Y todo lo que quedará.










