miércoles, 12 de agosto de 2015

Bss me contó que soñó con Bukowski. Le hubiera gustado soñar con otro, eso porque no carga su máquina antes de dormir, la máquina onírica, como  uno de esos dispositivos de Philip Dick. Entonces, antes de conciliar el sueño, programarlo detalladamente. Cargar, por ejemplo, lugar, tiempo, olores, colores, personas; eso a lo último. Hoy quiero soñar con Salinger, mañana con Plath, pasado con Lispector.Ésta última ataviada con un gorro alto que le defina bien el rostro alargado de muchacha europea y fale. Que desgracia que se hayan afanado Agua viva de la biblioteca pública, tenía tantas ganas de leerlo nuevamente y llenarme de esa confusión que me dejó la primera vez que lo leí. Un libro finito, chiquito, simple a primera vista.
En cambió yo sueño con Manchita, mi perra con cuerpo de tubo de GNC. Manchita corre en busca de su recompensa: un pedazo de pan francés. Sueño que duermo adentro de una fosa, eso es muy de Muraka, y no salgo hasta que el despertador me alerta. Valor atorgado a los sueños: nulo ¿es importante? Es otra estancia. Otra ficción. 
Me acuerdo de Néstor K y su manía de guglear sueños. Me acuerdo que visitaba a una vidente para saber qué pensaba su suegra de su viaje a Brasil solo. Vamos, me dijo una mañana, es como el I CHING; qué me importa el chino le dije, a mi dejame con San Cono. Apertura a nuevas experiencias: cero. 
Así las cosas con los sueños.

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lunes, 10 de agosto de 2015

El amigo androide

 Pasaron muchas lecturas hasta que volví a dar con otro Dick. Pasaron libros de todo tipo: diarios, novelas, cuentos, poemas, pocos ensayos. Pasaron textos de diferentes texturas, colores, anchos y altos. Pasaron sobre la mesa, la cama, la tapia, el mostrador de la biblio, la mesita de atrás. Siempre se vuelve al escritor que deja una impronta. No importa  cómo regresa, de pronto está ahí. No es un acontecimiento, la vida sigue igual si se lee o no. El reloj amarillo enseña su hora, la pava calienta, la pelusa se junta, el polvo domina todo como el kippel, porque estoy en ese territorio donde lo quieto es recipiente de todo lo que flota en el aire.
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Blade Runner de Ridley Scott la vi  el año del ñaupa. Eran los tiempos en los que se alquilaba la videocasetera . Sé que era invierno y que tenía una campera ceñida donde me cabía cómodamente las manos, el frío, el humo del cigarrillo, la llave del depto.
Blade Runner se proyectó en una pantalla gigante en una confitería de pacotilla donde ahora hay una librería, frente a una farmacia, en una calle con nombre de piedra. Yo no veo nada, en ese entonces me pasaba lo mismo. Veía una nave, una chica de flequillo y ojos café. Vimos la película sin antes  contaminarnos de marketing.

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 ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?  Imprimido en una Hp láser 1102, hojas A4, a una velocidad aceptable y temperatura que no dobla demasiado el papel Pampa, económico, comprado en la librería del centro comercial, muy cerca de mi trabajo.
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas ? propuesto como libro de lectura de un fallido club de lectores perdido en la patagonia austral, tan lejos de Rusia, Indochina y Portugal. Tan lejos de Pekín, Kiev y el pueblo de Pessoa.
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y la inevitable comparación con la película vista el año del ñaupa.
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? 
 Las reacciones del cuerpo siempre son espurias.
Artificial-natural ¿El humano es el único que puede amar ?

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 Es el año 199-. La tierra sufrió una guerra atómica. Las consecuencias son nefastas para la vida. Los animales se extinguieron. Los  humanos sobrevivientes se dividen en normales y cabezas de chorlito, debido a los estragos de la radiación. Aun así, nadie está exento a degradarse. Hay que protegerse.
Los humanos que habitan la tierra son los que no han podido emigrar a las colonias ( otros planetas ). Razones: muchas; las más usuales tienen que ver con el dinero y la inteligencia.
La ciudad está deshabitada. Edificios enteros fueron y  son arrasados por la entropía. Un cuadro decadente de una ciudad contaminada.

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El caza bonificaciones  Rick Deckard es llamado a cumplir una misión peligrosa. Debe retirar a unos androides escapados de una colonia en la que han provocado estragos. Los androides eran esclavos. Se rebelaron.
La interacción con los "andrillos", su caza, relaciones y situaciones son el contenido de esta novela corta.

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Algunos aparatos interesantes que asoman en la novela tienen forma de caja. Las imagino como Xbox pero con funciones que provocan reacciones inmediatas en el organismo. Una de esas cajas programa estados de ánimo actuando directamente sobre el cerebro mediante ondas.
La otra caja de interacción es mística. Actúa sobre la creencia y la fé. En la novela se llama caja de empatía y provoca siempre  la misma alucinación: el encuentro con Mercer. 
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Y el deseo de amar lo perdido.
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jueves, 9 de julio de 2015

Las habitaciones de Morábito

Los relatos que abren ventanas, ofrecen resquicios y obligan al lector a inmiscuirse delatan mi falta de entrenamiento para abordarlos pero en el caso de los relatos que componen La vida ordenada de Fabio Morábito, Eterna Cadencia, queda demostrado que mucho tiene que ver la perfección del escritor y la empatía que se logra en el acto de leer.
Me pregunto : ¿será la letra grande ? y reduzco mi impresión.
Termino de leer el libro y no lo devuelvo a la biblioteca pública. Me lo quedo un tiempo más para apreciar el diseño de tapa, los colores y las imágenes. La  reseña de contratapa me resulta acertada, digo entonces, funciona la simpatía con el libro al punto que todo me cae bien. Obnubilado con Morábito salgo a la calle pensando en la cantidad de situaciones que se pueden dar en los espacios cerrados y  eso es de  lo que tratan los relatos que componen La vida ordenada.
Hay en el libro ( no puedo evitar la enumeración ) una visita a parientes con la sorpresa inquietante de que la antigua casa de los tíos se redujo quedándose sin baño. Unas tratativas para  alquiler que deviene en festichola con la pregunta: ¿esto fue un sueño o simplemente me dejé llevar? acá no hay flor de Coleridge. Otra extraña visita a la casa de la madre de antiguos amigos y la ornamentación de un árbol de navidad, quizá el relato más conmovedor, con frases logradas y cargadas de sensibilidad que no sé de dónde salen. Un cumpleaños que troca en una velada  en espera mechado con retazos de la película Thelma y Louise. Un adolescente que sobrevalora la imaginación y por último, un hombre que sale de la cárcel con una misión: luchar contra ratas y cartas no leidas.
¿ Dónde radica lo genial en Morábito ? Supongo, y esta opinión puede variar luego de una segunda lectura o no ( la marea de las impresiones nos depara sorpresas o nos falla el juicio primerizo ) en la sencillez de las situaciones que narra, en esos marcos cotidianos verosímiles que gradualmente se tornan en otras escenografías. 
En los seis cuentos que componen La vida ordenada se aprecia un asomo leve de erotismo: una prenda femenima que deja entrever, un gesto mal interpretado que pone en funcionamiento la máquina de imaginar mundos posibles. Pero también están los celos o las observaciones que ponen en evidencia el alfiler que pincha y duele.
Variadas formas de la vida sentimental,  eso es lo que plasma como quien no quiere la cosa,  por las dudas.

La Vida Ordenada - Morábito, Fabio (etc)
IMAGEN TOMADA DE INTERNET



jueves, 11 de junio de 2015

Otra entrada de libros inconclusos

Lo usual  es reseñar  un libro leído ( completo ). No importa el tiempo de lectura transcurrido. Mason &  Dixon me llevó más de dos años de lectura intermitente, hasta que Humbert Humbert  me dio aliento para terminar el Pynchon editado por Tusquets, con  cubierta negra, caricatura de los dos muchachos que realizaron la demarcación : la famosa línea Mason y Dixon que sólo ellos, los yanquis, conocen.




Esta entrada quiere dar cuenta de algunas lecturas inconclusas.
Esto pasó  hace mucho tiempo, cuando la librería Yenny no tenía cafetería, ni sillones mullidos sino que se ubicaba en una curva insulsa de un hipermercado donde nadie se detenía a mirar los libros de Pynchon. En ese lugar vi la edición deluxe de "El arco iris de  gravedad" pero en esa época yo no era nadie y no tenía plata en el bolsillo que vendría a ser lo mismo : no tenía plata en el bolsillo y no era nadie, como dice Raúl parafraseando a Charly.
La primera vez que oí sobre Pynchon fue en un programa de cable. No se referían al libro de marras sino a "V", otra joya inconclusa que tengo en  edición económica. De "V" leí más de la mitad de la novela. Conozco algunas de las aventuras de Profane, Estencil, las ratas karatecas, los cocodrilos habitantes de las alcantarillas que dieron origen a las tortugas ninjas ( hipótesis de T. ). Es que las novelas del escritor sin rostro ( en un capítulo de Los Simpson, Pynchon aparece con una bolsa de papel en la cabeza ) son extensas, polifónicas y por ende, forma parte del gran collage de libros de lectura inconclusa.


 En la mesa de luz hay tantos libros apilados. Algunos ni siquiera son míos. Cruzaron  del lado de Biber y se instalaron junto al reloj de grandes números colorados. Veo: " La piedra filosofal" cuando Rowling salía en Emecé, el catálogo de no sé qué marca ( interesantes fotos ), "Sinsajo" remasterizado con Fortex, la Resl. 233/98 CPE. RN. , "Papaíto piernas largas" en la edición de Billiken, una receta de lemon pie, un rimel y el book de un CD de The Smiths que Biber adora :  algunos temas son Half a person , Cemetery gates ( esta última canción es genial ) etc.
En otro pilón de libros están mis inconclusos, los que esperan la maceración del tiempo y que los caminos que trazan las diferentes lecturas lo ubiquen en un lugar privilegiado. Está el voluminoso tomo de "El museo de la inocencia" de Pamuk que leí hasta que el muchacho acaudalado se encuentra con una prima. Para su sorpresa la chica le cae en gracia . Me adelanta la contratapa del voluminoso L. que después pasa lo que tiene que pasar : que la novia, que la madre, la fábrica que regentea .
Después, siguiendo la montaña de libros, en orden ascendente, "El corazón es un cazador solitario" de Carson McCullers, en una edición de Bruguera, colección Cinco Estrellas, bastante ajetreado,  que B. compró en el mercado de pulgas de Nqn por cuatro Kopec. Los libros también sufren desencuentros y casualidades austerianas. En una oportunidad había conseguido en dos tomos de bolsillo, este título, sin embargo,  misteriosamente el tomo I desapareció de la faz de la tierra y ahí está el tomo II, aguardando junto a Jane Eyre y Los alimentos terrestres, en uno de los estantes de melamina de casa. 
Siempre me pareció un título perfecto : "El corazón es un cazador solitario" como "Un tranvía llamado deseo" o "El invierno de nuestro descontento", en la que el lector anticipa mil hipótesis antes de abrir el libro pero confieso, nunca pude con el teatro. Decía del libro de McCullers, con ese título, antes me tomo dos  whiskys, me ambiento, predispongo mi talante al completo desamparo. Hay algo en ese libro que no va a andar del todo bien. Es como una película de terror, no se sabe cuando viene el alarido. A pesar de todos los recaudos, no pude superar las tres primeras páginas de la historia de los mudos Quedé en la que uno de los personajes hacía confituras y el otro grababa joyas. Estoy tranquilo porque sé que mis condicionamientos no son de índole psicológico sino físicos: el libro tiene una letra de mierda, chiquita, movediza, cagaditas de moscas ( como dice un personaje de "El nombre de la rosa" )
Forman parte del enorme collage de inconclusos : " Mujeres" de John Updike ( a préstamo de la biblioteca popular ) que abandoné porque no me atrapó y "Después del terremoto" de Murakami, leí el primer cuento y me fui al mazo.
¿Inconclusas lecturas que volverán  pasado un tiempo ? ¿ dos tiempos ? 
Updike y Murakami se fueron a la biblioteca pública, lugar al que pertenecen.

lunes, 25 de mayo de 2015

Dos novelas para mayo


Imagen tomada de la red.

Sobre la mesa de noche el libro de Aira, Los fantasmas. 
Aira es un escritor-corredor libre que se escabulle por cualquier vericueto del camino de la trama: voy por ahí pero no. Mejor agarro por acá, aunque el camino seleccionado, el primero, era óptimo para dejar gran parte de la energía que, como todos sabemos, se transforma. Los fantasmas comienza con la inspección de un edificio en construcción, luego en el detalle de una familia chilena que vive en la obra por razones operativas. Los fantasmas vagabundean por la obra, andan de andamio en andamio, traspasan paredes, bajan  las escaleras todavía peligrosas. Todo esto ocurre en los primeros días del verano. En la horas eternas y calurosas, preámbulo de la noche buena. Aira tiene predilección por las fiestas navideñas. No es la primera vez que leo descripciones puntillosas de petardos, cielo estrellado, etc. La noche buena familiar va ganando protagonismo en la narración. Los personajes adquieren un relieve intelectual notable,  se comportan como Woody Allen en una de sus películas desatinadas. Sin embargo la cosa no termina ahí, falta el apoteósico final aireano, el cachetazo por excelencia que deja escapar la risa, de lo que no voy a dar pistas.
Otro filoso libro de Aira que se manda por la ventana del lector.
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 En paralelo a la lectura de Aira leía un libro de Joyce Carol Oates, lectura lenta que dejaba pasar las horas. Lo bondadoso del libro físico: las hojas de tono mate y en ellas, estampadas  letras oscuras. No hay luz que debilite esa impresión. No hay ángulo de incidencia que permita perder  la nitidez de las letras. Anduve un mes con el libro, de paseo. Cuando lo abría me encontraba en Sparta, el pueblo imaginado por Oates para que ocurra la sórdida historia de Krista Diehl, la chica rubia y Krull ( Aaron Kruller ), el chico meztizo.
Centrada en el asesinato de Zoe Kruller, mujer atractiva, cantante de folk, empleada de un bar lácteo y en la  vida de dos familias contrapuestas, una con atisbos de normalidad,  la otra inmersa en un entorno de prejuicios y violencia,  los protagonistas se enredadarán en una figura difusa a la que llaman amor. El plural se corresponde a dos parejas que casi se definen por carácter transitivo : padre de Krista Diehl con madre de Aaron K y  Krista vs krull, pero la última historia...
Hay un asesinato, hay sospechosos. El tiempo arruinará la vida de los dos presuntos asesinos. La culpa actuará como un virus de acción lenta. Al tiempo que se desnudarán los verdaderos cuerpos sociales.
Condimentos de Ave del paraíso: muerte, droga, sexo y folk. Hay un breve Breaking bad, yonkis, polis truchos, frustraciones artísticas, algo de ronroneo y una lectura apacible.




sábado, 14 de marzo de 2015

Los escritores de Irving

Foto tomada de Internet


Son pocas las novelas que leí de John Irving pero de ésta puedo decir que tira al blanco sobre una pila de libros de su propia autoría. Mis dudas se disiparon y las ideas se ordenaron como en un fichero de biblioteca. En esta novela aparecen personajes escritores, cuatro para ser exactos y para completar el círculo, un editor, una periodista y varios lectores. Hay viajes a ferias de libros, críticas, lecturas públicas y resúmenes de novelas que están dentro de la novela, en un juego casi cervantino.
Confieso que me atrapan las novelas con personajes escritores. Podemos enumerar la tipología:
1-escritor y dibujante de historias para chicos, sumamente mujeriego.
2-muchacho que, tras experiencia adolescente con mujer madura,  queda atrapado en un rulo temporal  y escribe sobre eso, una y otra vez, recurrente y luego con algunas fintas.
3-mujer mayor que abandona su pasado por trauma luego se dedica a escribir desde la lejanía en todos los aspectos que la palabra lejanía pueda acaparar.
4-muchacha que escribe novelas autoreferenciales como todos los  anteriomente nombrados.

No utilizo la memoria, los recuerdos me vienen solos de un lugar llamado lecturas anteriores, es como un déjà vu y si de Irving se trata aparecen hoteles, los países bajos, las putas. Esta vez no hay osos ni seres concebidos de manera estrafalaria. El narrador de Una mujer difícil dice que las novelas de Ruth Cole, la chica estrella de la historia, carece de verosimilitud. Lo que en realidad está diciendo es que las novelas de John Irving tienen esa característica además de estas otras: amplios espacios de divagación, la certeza de sus ambientes y palpación en cuestiones que hacen al tiempo ( será posible que la lluvia, el frío y la nieve sean tan reales ). No olvido el exceso de teatralidad en algunos episodios, teatralidad adrede, pisada al mango para que el lector diga : no podés venir con esto otra vez don Irving, ya lo hiciste en El mundo según Garp y El Hotel New Hampshire ( que son las únicas novelas que leí de él ...) y don Irving dice: voy a hacerlo todas las veces que tenga que hacerlo. y ?

También está esa costumbre de lector de indagar los paralelos,  repeticiones, antiguas sensaciones de lecturas que son las perecederas y puedo decir que Una mujer difícil no me dejó la impronta de una novela anterior. 
Dice Biber que todo la anteriormente escrito no dice nada. Toda la razón.



lunes, 24 de noviembre de 2014

 Entonces hubo un tiempo en el que comenzar escribiendo con la palabra entonces era un despropósito de texto dijo Raúl y se acercó al viejo equipo Philips de doble casetera y bandeja para vinilo. Y pensar que mi vieja dejó en la vereda un Winco para que se lo lleve el camión de la basura junto con una colección de discos de tango de la vieja guardia casi todos  rayados  con un cuchillo serrucho que no era Tramontina.
Raúl es así, sus recuerdos son Polaroid de colores singulares en donde una bici Aurorita con asiento banana y flecos en las manoplas se desplaza a todo pitoto por la plaza del pueblo hasta que lo detiene la pollera gris de una señora que se encaminaba a la iglesia.
Tuve un sueño hoy dice Raúl mientras revisa una bolsa donde están los vinilos : Alma de diamante, Sign´o  the times ( disco doble ),Los Iracundos, María Creuza y otros que no alcanzo a ver pero son mis discos. El sueño tenía los colores de una Polaroid, el paisaje era el río de mi infancia y el punto más alto:  la torre de la iglesia. Como la mayoría de los sueños carecía de historia lineal, era una tira de imágenes: la tapa del libro La gesta de Patagones, la unión de cemento entre dos piedras de la pared de la torre, la Aurorita, el postre Sandy, el escudo del mundial 78, una raíz debajo del agua. 
Dejá que ponga este disco dice Raúl y saca un vinilo bastante limpio. ¿Sabías que mi hermano leyó Carrie, vió la primera versión de la película y luego la segunda, por cierto bastante mala, y en esa película hay un tema de fondo de un grupo yanky llamado Haerts que le dio un poquitín de publicidad el haber aparecido 20 segundos de fondo en una película mala ? Un hecho a lo Forrest pero sin tanta magnitud. Le contesto que nunca leí Carrie. Lo que tengo  es una versión de Cementerio de animales traducido por César Aira editado por Emecé en esa colección que arrasó en la década del 80. Dije más: lo único que leí de King fue El resplandor o la maléfica historia de un hotel sin corazón que enloquece al pobre escritor retrotrayéndole todos sus malditos demonios cuando éste, el escritor, está aislado con su familia en un hotel en medio de la nieve y los demonios. También incurrí en la historia de IT, ese libro alto de páginas con aires de Lovecraft, payaso asesino y recuerdos de infancia. En 22/11/63 el autor vuelve al mismo pueblo, se topa con alguno personajes de IT y juguetea otro tanto.
Raúl dice que no le interesa King pero si Aira al que está descubriendo ahora luego de la lectura de Cómo me hice monja y La cena.
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De un paseo por los blogs

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