domingo, 13 de octubre de 2019

Breves

Es así el asunto, comenzar escribiendo de una cosa y terminar tecleando de otra como llevado por corrientes psíquicas alojadas en pliegues recónditos. Tratar de reseñar Kentukis para culminar escribiendo sobre Ravelstein de Saul Bellow del que leí parcialmente Las aventuras de Augie March en una edición antigua que desapareció de los estantes de la biblioteca pública.
Es cíclico por no decir desordenado el interés que  me invade por el ganador del Nobel 1976.
Mientras leía Ravelstein  me detenía para preguntarme si esta novela merecía una relectura porque, no sé si está bien que los libros tengan frases de antología, pero eso me pasaba, tras dos o tres páginas, chácate: una frase de esas. Tenía intenciones de subrayar líneas. Obvio que no iba a arruinar el ejemplar de la biblioteca pública. 
Sorpresa de acá a la China sentí al momento de devolver  Ravelstein. Los ojos como platos me resulta una imagen de bazar pero pongamos así, sobre la mesa permanente de saldo que se despliega junto a la sección de literatura juvenil había un ejemplar de Ravelstein en la misma edición que había tenido entre manos. Ohh, por las barbas de tocris¡¡¡ Un poco ajetreado y manchado de humedad. Las hojas amarillas y ásperas, hasta yo podía ver la textura rugosa y el entramado de las fibras del papel. 
 Esa no fue la única ganancia esa tarde de primavera. Entre los libros expuestos encontré un ejemplar de Anatomía humana de Carlos Chernov en la edición de Planeta, impecable, con una dedicatoria en letra inclinada hacia la derecha. La foto de solapa del autor tiene un tremendo parecido a Bioy en sus tiempo mozos. Según mi yo perito, este libro se abrió únicamente para escribir estas palabras: Para Silvia y Flavio que compartan una lectura que creo le interesará. Besos a los dos. Mauttrr ( todavía no puedo dilucidar esa firma ) Nota fechada en agosto de 1993. Calcomanía de Lett libros. Rosario, al pie de la hoja. 
Me estoy yendo para el lado de los tomates. Otros le llaman digresión. Pongamosle así. Tengo un pacto con Chernov; hallar sus libros en mesas de saldo. Es la segunda vez que compro Anatomía humana. La primera vez la conseguí en una edición tapa dura y la regalé.

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  El caso es que estoy (re) leyendo Ravelstein que se presenta como una novela tipo pero que al internarse en las páginas uno se sitúa en un universo, océano,  de historias que tienen como hilo conductor, excusa narrativa, la tarea de contar  la vida del susodicho nombrado arriba que en la realidad fue un intelectual de derecha, informado, influyente, corrosivo, crítico, mordaz, nacido en EEUU. 
La novela comienza política. Nada de familias tradicionales, llámenme fulanito;  pelotón de fusilamiento; puentes parisinos;  entierros en la Chacarita - Dublin o el que no quiere recordar cómo se llama el pago.
Los personajes de esta novela son dos: el escritor de biografías, Chick y el biografiado; Ravelstein, hombre académico formador de la clase dirigente. 
Seguirá...
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