viernes, 7 de noviembre de 2008

ALGUNAS IMPRESIONES SOBRE "LA CIUDAD" DE MARIO LEVRERO


Comienzo con este título porque al libro ya lo reseñaron varios bloggers, entre ellos el genial Librero Humanoide.
La revista Ñ y algunos apuntes me dieron a conocer a Levrero.
La ciudad, escrita en 1970, comienza con un epígrafe de Kafka más que significativo.¿ Qué es lo primero que te viene a la mente después que se nombra a Kafka? fábula, sueño, niebla, vapor, agrimensor, justicia, sinsentido, mujeres, ridículo, ciudad, bucéfalos, infinito, muralla china, bicho, manías, etc...Condicionado por estos vocablos, la lectura del texto de Levrero se acerca mucho a la idea de Kafka pero como la literatura está hecha de palabras las cosas cambian y puede haber cierto parentesco en la temática pero la forma es distinta.

Ya lo dice Muñoz Molina en el prólogo, el señor Levrero escribe sin "golpes de efecto" ni trucos ni nada, lo hace con total naturalidad ( entendiéndose naturalidad como el uso de un lenguaje sin adornos ni chafalonías afines) utiliza un lenguaje casi coloquial, con gran claridad en la exposición de ideas.

El desarrollo de la historia es una línea fácil de seguir y en ningún momento se pierden los personajes ni se debe tomar nota para recordar quién es y con quién está casado x . En realidad, la novela tiene pocos personajes: el narrador, Ana, Gimenez y dos o tres ocasionales que aparecen ofuscados o somnolientos o directamente caídos de otra región. El sinsentido gobierna el estado general de la narración, los hechos que van sucediéndose son inverosímiles hasta cierto punto, pero lógicos dentro de la propuesta de la ciudad, un mundo lúdico plantea el narrador.
Me gusta pensar que esta historia es principalmente emocional aunque incurro en un error ya que todas las narraciones son emocionales porque, o nos sentimos identificados con el personaje o la situación nos parece alérgica o lo qué sea, siempre estamos vinculados emocionalmente con la historia, pero en el caso de "La ciudad", la crispación, el desconcierto, la obviedad y hasta la desilusión tienen un papel preponderante y lo bueno de esta propuesta de lectura es que se tiene conciencia de que está creada adrede por el magnífico señor Levrero.
¿ Es posible que este escritor te ponga los pelos de punta con una historia sin mayores aventuras que la de estar en una ciudad empapada y recorra una carretera desierta y llegue a un pueblo sin vida? Porque no hay muertes, ni robos, ni espionaje, ni mellizos que se odian, etc.

¿Está bien que diga impresiones de la lectura ?

7 comentarios:

Ojaral dijo...

Mire qué casualidad, justo tengo acá en el escritorio el libro esperando para ser leído. Lo compré la semana pasada en el Parque Rivadavia. Yo también llegué tarde a Levrero, a raíz de un artículo de Chejfec en la revista Otra parte, y de las notas de Fogwill en Los libros de la guerra. Veremos qué tal es.
Saludos!

Strika dijo...

Otro para la lista, gracias.

No sé si notaron que la casualidad es aún mayor, porque Ojaral compró el libro en el parque "Rivadavia". Ja, ja.

Un saludo
:)

mariano skan dijo...

Casualidad Austeriana diría un amigo, lo de Rivadavia, Levrero (cuando todo supone que ese apellido debe escribirse con "b")los libros y el parque.
A mi me gustó Levrero, creo que su preocupación se centra en deleitar al lector narrando de la mejor manera posible.

saludos Strika y Ojaral

Bárbara dijo...

De Levrero leí "Dejen todo en mis manos" y morí de risa, muy buen libro. Este nunca lo conseguí, me encanta la edición que mostrás.

A tu pregunta, sí, Walser estuvo cerca de 23 años por voluntad propia e iban a pedirle allí que escriba.

Saludos!

Andrómeda dijo...

Vaya, Mariano, no he leído a Levrero pero creo que la pregunta con que cierras la entrada dice mucho acerca de la obra, y si además se acerca a la de Kafka, me puedo hacer una idea.
Muy buena reseña, voy a considerar a este autor en mis próximas compras.
Saludos!

Tamarit dijo...

A Levrero lo conozco de leer Juegos para gente demente (antes Humor & Juegos). Era un genio.

Muchos años más tarde, mi hermana me alcanzó una joyita: "Dejen todo en mis manos". Ella había viajado al Uruguay, y se lo agenció. Lo fagocité, claro.

Recuerdo la escena del fumador en el bondi de larga distancia. Pobre: no sé cuántas horas, impedido...

Saludos.

María dijo...

Me lo apunto ya!! A mí también me ponen los pelos de punta los libros que hablan de lo cotidano...donde no parece que pase nada (y suprima lo de "parece" porque es)...quizá la manera de relatar, la forma de expresarlo pueda resultar cautivadora. Saludos!!

De un paseo por los blogs

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