jueves, 3 de agosto de 2017

UN LIBRO JAPONÉS

Hay escrituras que remiten a otras. La cadencia,  musicalidad , forma; algo   revela  el parentesco con otros textos. ¿ Leer a Levrero no despierta cierta reminiscencia a Kafka? ¿ Martini no se sitúa en un universo cortazariano ?



Aunque parezca descabellado, al leer  El gato que venía del cielo de  Takashi Hiraide ( Alfaguara ), algo me hacía ruido ¿qué era ? Pasaban las hojas, y,  más adentro estaba de la breve novela, más me llamaba, hasta que di con el parecido; era Chejfec y su sosegada prosa. 

Puse a consideración mi punto de vista a otra lectora de Hiraide y no me lanzó con nada porque a mano sólo había una mesa de 3x1m. Estás confundido, dijo y comenzó una  perorata acerca de la escritura del japonés y de la  lejanía con Chejfec. Sigo creyendo que tienen puntos en común, tal vez, el único contacto sea la parsimonia y la manera de avanzar en la trama que es nimia, invisible; una no-trama.
Escritura sin conflicto o donde el conflicto es la palabra y eso ¿ no sería poesía ? No hay manera de saberlo. Misterio.

¿Y qué dice Hiraide de los gatos ?  El único autor que leí, también japonés, que da la lata sobre los gatos es Murakami y lo hace de manera divertida. ¿Sería Hiraide capaz de emular a su compatriota? No tendría la obligación de hacerlo pero pregunto.

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 Escritores que se fotografiaron, bien dispuestos, con felinos: Borges, Cortázar, Lovecraft, García Márquez, Murakami, Hemingway, Capote, Cocteau, Bukowski, Joyce Carol Oates, Collette, María E. Walsh, Dick, Perec, Doris Lessing  y sigue.





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El escenario donde ocurre la historia con gato es una casa antigua con un jardín diseñado, un estanque donde fluye el agua, árboles y sus habitantes.
La casa está subdividida en dos. En una parte vive un matrimonio que se dedica a la edición de libros y a escribir artículos para revistas de corto tiraje. En la otra parte, vive una familia donde hay un niño.


El gato de Hiraide aparece una día cualquiera como suelen hacer los gatos sin dueños. No recuerdo si maúlla o hace ochos entre las piernas de las ocasionales  personas con las que hace contacto. Se instala en una casa donde hay un niño pero también visita a la pareja metiéndose en su casa, amasando sus alfombras, ocultándose en cajones de revistas o trapos. Una plena vida de gato que aparece para comer y dormir en rincones inusitados de la casa.
Algo de mágico tiene el gato que aparece y desaparece pero que deja indicios ¿ o es  una obsesión, un adorno? Una excusa para la introspección y así  escribir artículos sesudos en revistas de, ya lo dije, mientras , la vida transcurre.
La historia del gato se engorda con la descripción  del paso del tiempo relentizado. Breves cuadros, escenas, Polaroid, segmentos de un Vegas pro.
Y durante la lectura :

¿Por qué el narrador mecha con citas de Maquiavelo una simple historia de gatos ?
¿Es el jardín por antonomasia el espacio sagrado de las narraciones japonesas ? 
¿cómo se da la dualidad campo-ciudad en la historia nipona ? ¿o no se da ?
¿Es el lector de novelas japonesas un individuo preparado para recibir loto, tatami y flores de cerezo ? ¿o se espera que el estereotipo funcione para despertar el núcleo sentimental y con el las emociones florezcan ? 
¿estereotipo o tradición ?
El concepto de simpleza siempre presente en lo japonés : un jardín, un estanque y hojas de cerezo que caen. 
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Dijo la lectora del japonés: Hiraide compone un texto minimalista, como esos ideogramas trazados con pinceles de cerda de camello que tanto nombra Borges. Sí, en eso estamos de acuerdo. Particularmente, me agradó la pausa del narrador y de como colorea los cambios que se dan en el tiempo: la lluvia sobre las tejas, el viento que mueve las hojas del cerezo, la mariposa azul, la hierba y su aroma. 

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Pendiente: Sueño profundo, la parte de Banana Yashimoto.
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4 comentarios:

Richard dijo...

¡Hola Mario! No conozco Hiraide, pero me ha gustado tu resumen de autores fotografiados con gatos igual que su regreso al blog después de la tan larga ausencia. Espero que estés bien. ¡Saludos!

mario skan dijo...

¡Hola Richard ! Tanto tiempo. Si, estuve perdido un tiempo pero siempre escribiendo reseñas de lo que consigo para leer. Las reseñas están ahí, en la gatera, en cualquier momento salen.
Saludos y nos estamos leyendo.

María dijo...

Como es habitual no he leído el libro...pero si que lo he visto en varias librerías. No he podido evitar sonreír al leer sobre los estereotipos de escritura japonesa...o sobre los parecidos entre un narrador y otro...He leído a Soseki que también habla de gatos...pero no leí precisamente ese libro, sino otro de sus experiencias en mundos extranjeros. Me gustó como escribía...como se detenía en los detalles...pero no había ningún jardín de cerezos japonés...
De todos modos, los gatos y yo, no es que seamos íntimos. Nos respetamos y dejamos a cada quien su espacio, pero no me entran ganas de achucharlos.
Saludos desde el Otoño

mario skan dijo...

Conozco al libro de Soseki que en la tapa tiene la ilustración de un gato ( Soy un gato ) pero no lo encaré porque lo vi muy voluminoso. No obstante, está entre los libros pendientes, tal vez en verano.
Tenés razón, exageré con respecto a los lugares comunes en la escritura japonesa, además no soy muy asiduo, salvo Murakami.
Saludos primaverales

De un paseo por los blogs

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