sábado, 3 de octubre de 2015

Una entrada repetida

Le puso palabras a todo lo que pensó pero no siempre fue así, otras veces resulta ser un bicho movedizo y frío que se mete adentro del cuello de la camisa y coletea. 

Le pone empeño a lo que refiero, pensar qué palabras van directas y cuáles dan un giro o menguan. Para ello cuenta con un anotador inútil y cada mañana, a la hora del café que la costumbre ha colocado a las 7am, realiza el registro. Una lista de palabras, una debajo de la otra, con rigurosa disciplina. Qué vida aburrida, apelmazada. Y no es que ha perdido el interés por disfrutar los instantes, es más fuerte que él, la garganta se le cierra y a veces piensa si no tiene algo en el píloro o cualquier esfínter ubicado justo ahí, en la garganta y el pecho que se le cierra como si hubiera tragado una  droga hiperfuncional:  la orden precisa al cuerpo.

 Hace noches que viene soñando con su infancia. Le da por rachas: soñar la infancia quiere decir problemas; es que la edad adulta no es más que la repetición de las conductas aprendidas en la niñez, anotó en letra mayúscula.
Era eso. Soñó con el satélite, que no era precisamente eso.

Si tuviera que realizar una investigación sobre la caída del SKAYLAB,durante el invierno del 79, creo que lo frenaría el hecho de que ya hubo un tipo que se dedicó a escribir un relato sobre eso, pero durante el estío español. Ellos, los europeos, tuvieron la oportunidad de verlo caer de noche, un verano, miles de fragmentos amarillos y brillantes desperdigándose por el cielo y depositándose en territorio australiano .

En el Carmen el asunto fue otro, entre la caída del SKYLAB y la profecía apocalíptica de los evangelistas del fin del mundo, nuestro obsesionado catalogador de palabras sufrió el claro efecto de la niñez : creer.

 La fachada del pueblo no ayudaba, el ladrillo descascarado de la iglesia, la escuela de curas y de las monjas, parecían no soportar otro aguacero. 

El eucalipto de la plaza mayor en cualquier momento se venía abajo y la casilla de madera de los taxista se prendía en llamas por culpa de un quemador precario. Para mal del momento, días atrás, una furgoneta repleta de personas vestidas de caballeros de la mesa redonda habían irrumpido al restaurante de sus padres haciendo un pedido unánime: bife a caballo.

El SKYLAB era una masa de chatarra de 40 toneladas que se venía bajo por decrépita. Me parece que hubo gente que pasó por allí a tomar algunas notas para luego seguir viaje alrededor de la órbita de la tierra, pero caerse sobre la gente ya es un despropósito. Según investigó el oriundo del Carmen, era tanta la incertidumbre que se vivía en EEUU que se apostaron grandes sumas de dinero en declarar en qué estado de USA caería, pero la justicia llegó antes y la banda de desalmados ¿qué pasó con la banda de...?
NO cayó el laboratorio celestial en tierra sino en el Índico, algunos aseveran que fragmentos del satélite cayeron en sus patios.
Nuestro asimilable habitante patagónico quedó trunco con su historia por culpa de otro terrestre en notar la caída del SKYLAB sin embargo esto no termina acá. No


De un paseo por los blogs

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