miércoles, 12 de agosto de 2015

Bss me contó que soñó con Bukowski. Le hubiera gustado soñar con otro, eso porque no carga su máquina antes de dormir, la máquina onírica, como  uno de esos dispositivos de Philip Dick. Entonces, antes de conciliar el sueño, programarlo detalladamente. Cargar, por ejemplo, lugar, tiempo, olores, colores, personas; eso a lo último. Hoy quiero soñar con Salinger, mañana con Plath, pasado con Lispector.Ésta última ataviada con un gorro alto que le defina bien el rostro alargado de muchacha europea y fale. Que desgracia que se hayan afanado Agua viva de la biblioteca pública, tenía tantas ganas de leerlo nuevamente y llenarme de esa confusión que me dejó la primera vez que lo leí. Un libro finito, chiquito, simple a primera vista.
En cambió yo sueño con Manchita, mi perra con cuerpo de tubo de GNC. Manchita corre en busca de su recompensa: un pedazo de pan francés. Sueño que duermo adentro de una fosa, eso es muy de Muraka, y no salgo hasta que el despertador me alerta. Valor atorgado a los sueños: nulo ¿es importante? Es otra estancia. Otra ficción. 

Así las cosas con los sueños.

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