sábado, 15 de febrero de 2014

Lo del parque

La señora leía el libro en el parque.Sentada en uno de los bancos construidos con listones de madera pintados de blanco, las grietas de la madera, los bichitos encajados en los huequitos, la mujer que leía en el parque y lo hacía en voz alta. En la primera vuelta advertí que se trataba de un libro de Sergio Chejfec por la tapa de los cisnes en el agua. En la segunda me propuse chusmear antes de dar la vuelta a la esquina, torcer la cabeza lo menos posible para no parecer insolente. La imagen de la mujer leyendo se movía como un cuadro cubista, primero de frente, pero lejana. De perfil en la cercanía del sendero interior donde se hallaba el banco y luego de espalda, cuando yo miraba hacia las vías, la columna alta de tamarisco medio rojizo y el poniente. El hombre que corre en círculo a la mujer que lee a Chejfec en voz alta.
Yo conozco a la mujer que lee en el parque, vive cerca de mi casa, además fue profesora de catalogación en la carrera de bibliotecario.  Reconozco que no es habitué de las bancas, los que andamos siempre nos saludamos en los diferentes senderos en lo que nos encontramos: la chica de cola de caballo que corre a buen ritmo, el abuelo con pantalones de gabardina y zapatillas blancas ( en un libro que leí hace poco el traductor hubiera colocado unos tenis blancos ) y los tipos de siempre que viven a dos cuadras a la redonda. 
Me pasa que tengo como hechos concatenados. No siempre fue así. Antes tenía presentimientos, sabía en qué hilo bajaba la araña del parral como en la novela de Levrero pero no soy místico. Me suceden coincidencias: ¿ por qué esa mujer leía a Chejfec si yo antes había estado chusmeando un artículo sobre su último libro, La experiencia dramática? No tiene mucho que ver, pero ¿quién lee a Chejfec en el parque ? La vez que encontré un par de auriculares en una de los bancos del parque mientras elongaba las piernas y cuando llegué a casa Biber me dijo, te llamó fulana, dice si no viste su teléfono, no lo encuentra por ningún lado. Alguien encuentra un par de auriculares otra persona pierde un Nokia castigado por el tiempo, hechos consecutivos y coincidentes. A veces pienso que propongo los hechos y suceden, soy un maldito mago pero debería haber podido hacer muchas cosas y no fueron. No sé en qué cuaderno Rivadavia escribí lo que me pasó con la gata. Una alumna me trajo en una cajita tres gatitos para que elija uno, nos quedamos con una gatita blanca y negra. En la nariz se le forman cuatro triángulos, esa es su seña particular. La gata era delgada y con los pelos como pegados al cuero. Ahora es un animal peludo y grueso como una bola, la gata  y su espectacular cambio de forma. Biber me dijo una vez algo que yo también había pensado: esa gata se transformó en nuestro imaginario gatuno.

4 comentarios:

Teresa dijo...

Bonito escrito, me encanta esa descripción de alguien leyendo en un parque, a mi siempre me sucede que quiero saber que libro leen.
Mario, he cambiado de dirección de mi blog y he vuelto al antiguo, por sí te interesa , mi dirección nueva es www.loslibrosdeteresa.wordpress.com
Un abrazo
Teresa

mario skan dijo...

Hola Teresa: tanto tiempo. Bueno, voy a visitarte. saludos

Andromeda dijo...

Hola, Mario, me encantó tu escrito, tal vez era la señal (el presentimiento) de pasar el rato con una buena charla y un buen vino.
¡Saludos!

mario skan dijo...

Hola Andrómeda: si tenés la oportunidad de leer a Chejfec entrale, parecido a Sebald o a Walser en algún aspecto. saludos

De un paseo por los blogs

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