domingo, 29 de mayo de 2011

Libros, fotos y gata

 En la foto dos libros: el de Schweblin presto a ser leído, el de Gamboa: primer encuentro halagüeño.


La tapa del libro de Santiago Gamboa, El cerco de Bogotá tiene el mismo aspecto que el de un libro poco confiable o podría decir lo contrario, es toda una invitación para adentrarme en una historia bélica linealmente sosa. Fue esta razón por la  que estuve este tiempo mirando la tapa con desconfianza, mientras el libro yacía incólume, en el anaquel de la biblio pública. Sin embargo el nombre del escritor me sonaba, lo recordaba con una lejanía propia del olvido.  Una tarde decidí sacarlo a préstamo. 

El relato El cerco de.... con el que comienza el libro,  imagina una Bogotá sitiada por la guerrilla, destruida y en las manos de dios. En ese escenario asoman los personajes que deben aparecer en un relato de corresponsales de guerra: las drogas, la traición, los reporteros, la joda, las putas, etc. Breve historia de amor con fondo de guerrilla, obuses y rayas de cocaína.
 
De este libro me parece más logrado el relato Tragedia del hombre que amaba a los aeropuertos. Fantástica encerrona lograda por la corporación de azafatas y personal de a bordo a un reportero gráfico que creyó en sus propios encantos. Esta vez, la venganza como contra golpe no alcanzará. La soledad enseñada desde los aeropuertos y hoteles.

En La vida  está llena de cosas así, es la terrible visión de una chica de flia bien que atraviesa la ciudad para socorrer aun presunto epilépticos y se encuentra en medio de un barrio de malhechores ? ladrones ? 

Muy cerca del mar te escribo  y Urnas  son los dos relatos que me faltan nombrar de este libro.

El cerco de Bogotá, Santiago Gamboa, ediciones B, año 2003 es un libro que reune experiencias de un reportero, la visión de una Bogotá violenta que se escabulle inexorable a la guerrilla y la desazón de que escribe sobre su tierra desde aeropuertos, hoteles y guerras del otro lado del mundo.

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Mi gata debajo del calorama. A pesar de haber nacido en argentina sus ojos dicen lo contrario.

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y por último, círculo de amigos-libros reunidos para el flash. Al libro de Pynchon lo llevo por la página 360/1337, la biografía de Althusser quedó en Argelia, el libro de Kazuo me aburrió sobremanera y el de Haruki aguarda en la página 341/905.

domingo, 1 de mayo de 2011

Ema en la pampa exuberante


 Cuando era chico  vivía cerca de una iglesia con dos torres altas cuyos campanarios dejaron de funcionar con el tiempo y en su lugar colocaron  grandes bocinas, se hablaba del lado oscuro de la luna. No se trataba del disco de Pink Floyd que ahora estoy escuchando y que me disparó el recuerdo, sino de los viajes espaciales con destino a la luna con tripulación humana.
Mucho antes, una perrita era lanzada a la buena de dios en una cápsula directo al satélite de Cyrano. Invento soviético, el de mandar animalitos a la luna, aunque la perrita no llegó a dar ningún paso su  gruñido silencioso se oyó en un viejo aparato a válvula ruso.

Del lado oscuro de la luna, ese hemisferio que, por obra de la rotación y revolución del satélite y de la tierra, nunca podemos ver desde los observatorios terrestres, se decía que los que alguna vez lo vieron se volvieron locos. Si chequeamos esa información comprobamos que es falsa pero en ese tiempo surtía efecto, era creíble.

¿ A qué tono venía la Ema de Aira con Layka, la perra rusa ?

La bucólica novela del hombre de Pringles no puede dejar de leerse hasta llegar al final. Lo que atrapa de ella es la narración  subyugante del francés refinado, el cacique Hual, el violento jefe del fortín de Azul y por su puesto, Ema, que primero es una y luego otra, como no podía ser de otro forma en ese continuo divagar que es la vida en la narrativa de Aira.
Si bien las historias de Aira están atravesadas por situaciones inverosímiles, todo el tiempo, el texto se aprecia por la singularidad y ritmo.
Ema la cautiva comienza con una expedición de soldados con destino a un fortín . La vida en la campaña es dura. La tropa brutalizada por las condiciones materiales de la vida en el desierto  asquean al francés que al final termina relacionado con una de las mujeres que acompañan a la tropa que, misteriosamente, cuanto más cerca de Azul se hallan más arcaico se convierte el paisaje: árboles frondosos, húmedos; florecillas malvas y violetas jalonan las grandes extensiones de llanura poblada por una fauna de otro planeta en número y exotismo. Capítulo aparte es lo referido a la caza de vizcachas de parte de la soldadesca que luego, sin reparo culinario alguno, a las crías, le practican un hueco en el cráneo para chupar la sustancia de sangre y leche.
Otro nudo importante en la narración es la descripción de las tolderías y sus costumbres sociales. Ema hace un alto en la mañana para mandar a una chicas a comprar bizcochos en el almacén de la esquina, el noble indio Hual aburrido y pasado de somníferos se va a la isla de Carhué en busca de divertimento.
Las costumbres hippies de los indios sorprenden a cada párrafo.


Ema la cautiva, 1981, una gran novela para el deleite.
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Como un buen usuario de la web reclamó su foto en uno de los post de este blog decidí no colocar más ilustraciones sin antes nombrar la fuente. 
Por esta razón copio la costumbre de Ever: la fotografía de las tapas de los libros.
En esta oportunidad los libros de Aira están: primero en el abedul y en la base de un cerezo del jardín de casa.

De un paseo por los blogs

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