lunes, 7 de marzo de 2011

La chica y el escritor


 Alejado de la escritura por algún mal invisible que me consume por dentro, me instalo en la mecedora con el volumen de Shosha de I Bashevis Singer editado por la ochentosa colección Círculo de lectores. La cubre portada es flojita. Me parece sobrecargada de símbolos. Confirmado: la compra-venta de libros de la calle Irigoyen, muy cerca de la plaza, tiene sus tesoros ocultos. Una vez me encontré a otro husmeador. El local es tan pequeño que nos molestábamos, en cualquier momento poníamos la mano en el mismo ejemplar y ahí se armaba. El dueño es un tipo tranquilo que ejecuta la máquina de quiniela con versatilidad. Pocas veces tomé un helado de su heladera Frigor. Para que quede claro, el local es un kiosco, quiniela, canje de libros y revistas. Tiene un mostrador, varias carameleras, una heladera alta con puerta vidriada donde se alinean las gaseosas y otra, de carga superior, donde se hallan los helados. Los estantes de metal están clavados en una pared. El olor a papel viejo inunda el lugar, eso lo convierte en un auténtico antro.

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Shosha es la historia de un escritor judío, hijo de rabino, hermano ortodoxo y flia chapada a la antigua que encuentra una fijación infantil: su amiga de la infancia Shosha, una niña rubia, delgada y tan torpe que la echaron de la escuela dos veces. La inclusión educativa, por ese entonces, eran dos palabras separadas que por remota casualidad o designio del altísimo no había producido significado. Aaron o Arele o simplemente Tsutsik, es el héroe de esta historia trágica con fondo nazi en la varsovia previa al gueto. El joven escritor que en su infancia vivía en la calle Crochmalna en el número 10 abandona el vecindario pero nunca dejará de pensar en su Shosha. Con el tiempo él frecuentará el club de escritores, un amigo filósofo, escritor y mujeriego y conocerá a otras chicas: una artista del teatro yidhis que viene de New York para prevalecer en Varsovia, la esposa de un gay que ama su talento y hombría, una stalinista decidida a viajar a la URSS y una criada a la que escribe cartas a su novio confinado en una mina en francia.
Europa se está enrareciendo. Hitler avanza en todos los aspectos pero todavía no ha entrado en Polonia. La vida de Tsutsik sale de la miseria cuando Betty y su esposo, recien llegados de EEUU le encargan una pieza teatral para representarla en el teatro yidish. De la noche a la mañana el joven escritor se encuentra viviendo en una habitación lujosa, con dinero en el bolsillo y un vida por delante. Por alguna razón que solo el escritor conoce, Betty y el escritor deciden salir a pasear por los barrios de Varsovia. El destino quiere que se hallen cerca de la calle de la infancia de Arele quien recuerda a Shosha y decide ir a visitarla. La encuentran, delgada y rubia, con un cucurucho de azúcar en la mano. Desde ese encuentro no la abandonará más.
La benefactora actriz se pregunta qué vio el joven en una mujer retardada. De ninguna manera podrá cumplir con su papel de mujer pero Tsutsik le confiesa: vi en ella a una mujer confiable, plop¡¡¡
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El final de la novela encuentra al escritor con 43 años en Jerusalen. Hay muchas historias que narrar. Personas que daban por muertas aparecen, salvadas de las balas nazis, rusas o del bando que sea. La vida es una lotería en la que amar es el único aliciente. Una excelente novela.
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 Arriba, la foto de una portada bajada de la red.
Acá abajo, la edición que conseguí en la compra-venta.

12 comentarios:

Valeria dijo...

Me encantó la descripción del antro. Está re bueno encontrar esos lugarcitos... Cuando era chica y mis viejos me llevabana a Buenos Aires, parábamos en un departamento en Congreso. A la hora de la siesta yo me escapaba para ir al Paseo de la Piedad. Y creía que yo era la única persona en el mundo que conocía ese lugar, que para mi era mágico. Saludos.

e. r. dijo...

Mario!
Ya extrañaba tus lecturas. Si por casualidad uno deja de sentirse seducido por la literatura (pasa cada tanto), bashevis singer reconquista, al menos lo hace gran parte de su obra.
Saludos!

Teresa dijo...

Cómo me ha gustado esta historia,qué buena, me encantan estas historias y si lograste el libro en esa tiendita al reboltijo mejor que mejor.
Cuando voy a Madrid con tiempo, me paso por la Cuesta de Moyano, allí ponen los libreros de viejo un montón de casetas de madera llenas de libros, se caen literalmente, y sacan unas mesas llenas de libros. es una gopzada pasear y comprar.
Generalmente son personas muy mayores las que llevan esas casetas, pero le preguntas por unlibro y saben perfectamente donde está, si lo tienen o lo han pedido, alucinante.
Un saludo
Teresa

mario skan dijo...

Valeria: tendría que tomarle unas fotos al antro de los libros. Uno no da ni cinco guita por la fachada del local pero tiene sus ejemplares. Una vez encontré un libro de Libertella, 1º edición.
saludos

e.r: en baires vi en ediciones B varios ejemplares a 10 sopes cada uno, pero tenían una letra como cagaditas de moscas. Ya estoy viejo es más puede ver el tunel de luz.
saludos

Teresa: no hay mejor sensación que recorrer una librería de viejo o de usados como le decimos por estos lares. Ahora una compañera vende su saldo de librería, que encontraremos allí, quizá algo grosso.
saludos

oesido dijo...

Yo también suelo ir en Madrid a una librería de viejo. Esta última vez estaba abarrotada de libros. La crisis -me dijo el dueño-. Pan por libros, mierda de tiempos. Tu relato muy bueno Mario, como siempre. Bashevis Singer me pareció un peñazo hace ya muchos años. Debilidades de la juventud. Saludos

Richard dijo...

¡Hola Mario! No he leído nada de Singer por muchísimos años, pero tu reseña me inspira tanto que voy a pensar en añadirlo a la lista (desgraciadamente, no me gusta ninguna de las dos tapas). ¡Un saludo!

María dijo...

Como siempre, me gusta mucho leer esa mezcla entre la literatura y la vida misma...tan bien narrada. Tiene que ser curiosa esa librería-quiosko donde venden helados y caramelos...y puedes adquirir libros. Aquí los hay por las calles, aunque muchos están desapareciendo.
El libro no debe estar más...hubo un tiempo que leía mucho sobre los judíos y creo que la culpa la tuvo Barbra Streisand con su película de Yentl...
Saludos!!

mario skan dijo...

Oesido: como esa escena de El palacio de la luna en la que el pibe vende todos los libros de su tío para poder comer y luego se interna en el parque a vivir de croto.saludos

Richard: hay que ser polenta para diseñar tapas de libros. Hay tapas que son un desastre como la de círculo de lectores. Saludos

María: vi esa película en la que la chica se hace pasar por varón para estudiar la cabala y la/el torá. Lo que puede despertar una película. Este libro SHosha es muy descriptivo sobre las costumbres judías.saludos

Teresa dijo...

Marío mándame a mi correo mtibanez@hotmail.com tu dirección de correo, es que tengo un libro para mandarte.
Un saludo
Teresa

eli dijo...

hola Mario, llegué acá por el blog de Teresa, pero mirá lo que es la vida bloggera: vivo acá en el Alto Valle ;)
Tu amiga que vende el saldo de librería, es ubicable por el público?
Lindo blog, ya me lo voy agregando para seguirte.
Cariños!

mario skan dijo...

Hola Eli: sos de Cipo ? porque la librería que vende usados, quiniela y helados está en calle Irigoyen entre Miguel Muñoz y Sarmiento, en la misma cuadra del Colegio Belgrano. Suerte y si sabes leer en ruso está el DR. Zivhago. saludos

Teresa: te mandé el mail. espero con ansias el libro.saludos

eli dijo...

jaja ruso todavía no, pero voy a ir a (c)husmear a ver con qué me encuentro. Gracias por el dato, vivo en Neuquén :)
Saluditos!

De un paseo por los blogs

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