martes, 26 de octubre de 2010

En la correntada

 El ejemplar de El color que cayó del cielo de H. P. Lovecraft, edición  A-Z,  que llegó de Nación al corazón de la biblioteca escolar donde trabajo no es bueno. Aunque se puede vaticinar que las hojas no van a desprenderse, el brillo de su papel satinado y el tono de la tinta  convierten al papel impreso en un material de óptica preparado para la reflexión de la luz. Descubrí, para mi suerte,  que un ejemplar similar de El color..., traducido y prologado por Elvio Gandolfo, habitaba en la estantería pero esta vez sus hojas eran opacas y llevaderas. Ahi pude entrarle al libro sin lágrimas y restrego de ojos.

Días atrás habíamos  conversado con el profesor de COE, Kalamicoy, sobre este singular escritor cuyos  cuentos de terror-horror abrevabaron de la incipiente física moderna y que en los últimos tiempos tantas remake produjo. La conversación salió por una película que a él, al profe, lo había flasheado y que trataba justamente sobre la vida del atormentado Howard Philips Lovecraft. Por mi parte, lector fácilmente influenciable, decidí meterme en las ficciones del  escritor norteamericano del que había acumulado tres obras por capricho y  regalo pero que hasta el momento no me había entusiasmado.

Accedí al primer cuento y de inmediato recordé una película clase, recontra "b" que, como siempre, tenía algunos retoques en el guión.
Un meteoro cae en una granja próspera. Con el paso del tiempo todo degenera. Los científicos estudian la piedra venida de alguna parte del universo y sacan en claro que despide un color inclasificable. El horror es indecible, es el gesto de la cara, el aullido de un animal, el pozo burbujeante de olores fétidos, el páramo gris de la desolación. En resumen, la cosa venida del espacio exterior había consumido la vida de la familia Gardner, habitantes de la granja. Todos perecieron de manera horrible: locos, partidos y podridos. Si una bomba nuclear hubiera impactado en esa granja el desastre hubiera sido parecido.

El prólogo de la edición A-Z dice cosas como estas: "cuando se trata de trasladar el estilo, o la falta de estilo, o "  eso"   que es el estilo de Lovecraft a otro idioma, hay dos tentaciones simétricas. La primera es ordenarlo, sintetizarlo, "  acicalarlo "  [...]"    Qué piensa el traductor de la obra, no sé, pero al final dice que es genial, y queda todo ok. Por mi parte continúo con el relato dos. Con tintes físico-teóricos, se ve que Howard estaba en la cresta de la ola en cuanto a publicaciones científicas.

Otro libro que agarré en este impasse de lectura formal fue Extinción de David Foster Wallace, una presentación demasiada extensa para ser discípulo  de Pynchon. El primer relato que abre el libro de cuentos, Señor blandito, es realmente genial. Un hombre que trepa edificios, un grupo de discusión, la presentación de un producto llamado "delito" ( golosina estilo bocado) que osa irrumpir la barrera de una dieta baja en calorías y la desmesura del narrador puntilloso y específico como el Ismael de Moby Dick deciden complicarle la vida al lector.

Hasta que vuelva a encontrarme o reencontrarme con una novela seguiré por el lado de los cuentos.

9 comentarios:

e. r. dijo...

Mario!
Hace años leí mi único ejemplar de lovecraf, uno de esos libritos de la colección página 12 finitos de tapa de cartón, de hace años, edición que me entusiasmó para siempre por jack london, por cierto.
me faltó el último cuento, pues perdí el ejemplar cuando lo llevaba por la mitad. la verdad me entusiasmó mucho. ¿no te parece a veces un roberto arlt de la ciencia ficción?
siempre me dije que cuando volviera a encontrar el último cuento lo terminiaría y continuaría por más. ahora, que hay varios ejemplares de él en casa, por influencia de tu lectura, lo pongo en lista de espera inmediata.
saludos!

mario skan dijo...

Hola e.r: este domingo voy a estar en baires ya que tengo que llevar a mi hijo al médico por lo que estaré casi 3 o 4 días, suficientes para recorrer librerías de usados y traerme jugosos ejemplares. lo que necesitaría de ud. es la ubicación de esos antros del saber que frecuenta. en cuanto a lovecraft me resulta simpática interesante su lit.
saludos master

marichuy dijo...

Mario

Seguro te tardarás en regresar a la novela, hay tantos cuentos buenos. ¿Chéjov ni te gusta?

Me encantó esa expresión de película de recontra serie b, jajá

Saludos

mario skan dijo...

Marichuy: cosa extraña que nunca haya leído nada de chejov. todo tiene su tiempo, verés con cuál comenzar.
saludos

María dijo...

Volver a los cuentos?? Ya nos dirás qué cuentos, de quiénes??!! Te refieres a relatos cortos o solo a cuentos??
Estoy deseando que nos "cuentes"!!!
Saludos!!!

mario skan dijo...

Hola María: tarde en contestar porque anduve de viaje. Me refiero a las historias que se pueden leer en 1 o 2 días, algo que cierre rápido. Por ahora estoy en un período de vagancia extrema. saludos

oesido dijo...

Hola Mario; de Lovecraf nada de nada; de Harold Lloyd, admiración, como por todos esos segundones geniales; ¿Relatos cortos? Qué tal K. Mansfield, Sherwood Anderson, Lorrie Moore ... estos los tengo pendientes. Saludos.

mario skan dijo...

sherwood Anderson, Lorrie Moore, de ésta última me hablaron maravillas. Ayer, en una compra-venta vi Wilt de tom sharpe, tengo ganas de entrarle a ese. saludos

oesido dijo...

Leí a Wilt hace 1000 años. Recuerdo que era un humor corrosivo, muy inglés. El autor vive en España en la costa brava y es un vejete con aspecto de infatigable bebedor de gin tonics.

De un paseo por los blogs

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