viernes, 28 de mayo de 2010

El detalle

El libro de Franzen avanza entre escenas maritales enfermizas: una mujer dispuesta a enloquecer a su marido y no ceja en el intento; un esposo que comienza a sentir la inestabilidad emocional de un medio que le es adverso. La situación se relata entre el hogar y una reunión de inversores que pone en conocimiento un nuevo producto farmacéutico. Últimamente los escritores yankis que he leído hacen hincapié en el detalle técnico, el folleto publicitario, un detenimiento minucioso sobre el mecanismos de una droga, las acciones de una companía X, el comportamiento del BM ante la crisis financiera de un país periférico, etc. En el relato El señor blandito de Foster Wallace, los detalles técnicos de un bocadito de chocolate, relleno de dulce, glaseado, envasado al vacío, con un determinado tenor en la crema y su posterior índice de ventas, impacto de mercado y más, se desarrolla de manera erudita. Tal vez la exageración por el tecnicismo tenga un efecto contraprudecente en el lector, quizá sea un reacción típica de los tiempos modernos que se reúnen en torno a la National Geographic, Dicovery o series de policías archi preparados en todas las disciplinas para contrarrestar el mal, a mentes asesinas: lectores de gestos, eventos que se adelantan y vuelven como en un cuento de Philip Dick puesto en escena por el cine en Minority Report, vivimos una nueva forma del ideal de la modernidad. Otro gran detallista de los productos es Easton Ellis, en su novela Psicópata americano se describen tarjetas de presentación en lo que respecta al papel, el tipo de letra, el tono, la forma y el peso sin dejar de pasar por alto las apreciaciones sobre los trabajos discográficos de Phil Collins, las propiedades de la crema para el cutis, la lapicera fuente, el tipo de tecnología que posee el equipo de sonido y más. Easton Ellis influenciará a Huellebecq y éste describrirá objetos con la misma puntería que el norteamericano. Me falta lo mejor de la novela Las correcciones y hasta el momento me parece haber andado por un poco de Ford y Foster Wallace.

En la era de la información, que un hombre escuche pasar a un avión y comience como hipnotizado a relatar sus cualidades técnicas no nos sorprende, se lo debemos a Mecánica popular, al fascículo de aviones de guerra y a otros medios.

10 comentarios:

Marina! dijo...

no suena muy divertido...
pero es muy interesante tu nota, estaremos ante un neo roccocó? yo ayer me detuve contmeplando una foto- propaganda de Casi Angeles que me llego al correo, me resulto absolutamente obscena, pornografia barata para adolecentes modernos.
Y unas galletitas de chocolate que en el paquete dice que son de vainilla.
Lo que es estar aburrida estos dias...otra vez con bronquitis...
Saludos mario.

Leox dijo...

En el detalle esta el consumo. Los tipos escriben y venden en una sociedad desarrollada. Don el detalle esta en la diferencia entre la crema de día y la de noche.
Muchos se van en contra y se ríen Houellebecq, es el ejemplo. No es la critica social , es la critica del consumo sabiendo que estas dentro.
En Sudamérica funcionaria con putear contra el subdesarrollo de las personas , a sabiendas que uno tiene las mismas actitudes subdesarrolladas.

e. r. dijo...

Hola, Mario!

Sabés que no me había fijado en los detalles del detallismo? Seguramente es así, la metafísica dio lugar a objeto fetiche ya que no tenemos iglesia sino shooping; además está esto de poder googlear cualquier cosa: antes imagino que uno no podía hacerse el erudito así nomás porque había que ir a la biblioteca y era una paja. En cambio ahora, corta y pega, todos podemos poner un fragmento híper puntual sobre cualquier tema, desde comercio internacional hasta la historia del marrón glacé.
Un abrazo

marichuy dijo...

Mario

Curioso, digo yo, que se gaste tanta pluma en detallar los detalles (valga la redundancia) de cosas como un chocolatito o el funcionamiento de un artefacto técnico (como manual de usuario, je). Me llama la atención eso que dices de la influencia que Easton Ellis habría tenido en Michel Houellebecq. De éste sólo he leído "Las partículas elementales" (y algunos de sus poemas), que me gustó tanto como me hizo sacó emociones encontradas, extremas; el tipo tiene esa cualidad: lo amas o lo odias... o las dos cosas jeje.

Saludos

PS Qué gran imagen has puesto para ilustrar este post

mario skan dijo...

Casi ángeles me reuslta repulsivo en grado extremo, pero me asombra la audiencia que tiene, estaremos fuera de juego. Muy buena esa historia del nuevo rococó,
saludos

Leox:de acuerdo con vos sobre en el detalle está la diferencia, sino el producto sería standar. a mi Houellebecq me parece copado, al menos Las partículas elementales y Plataforma, un crítica del hombre con anestesia social-
saludos

Hola e.r. antes que nada gracias por el ejemplar de Ojaral con dedicatoria incluída, una masa esa edición y una masa Humberto Bas,
Escuchaste el tema de fito 3 agujas ? la nueva religión: el consumo.
saludos enormes

Marichuy: gran escritor el francés, te cuento que quedé obnubilado un tiempo con su temática. Houellebecq confeso admirador de Easton Ellis copis algunas de sus técnicas y manías. Estoy dentro de los que quieren al frnacés aunque su último libro hay sido, para mi, malo
saludos

Andromeda dijo...

No debe ser sino el consumismo que refleja una sociedad en extremo consumista: la norteamericana.
Es cierto que los diversos medios hacen factible cualquier tipo de descripción sin mayores esfuerzos.

El libro, con todo, parece muy interesante; a ver qué nos sigues contando.

¡Saludos!

oesido dijo...

La erudición puntillosa debe ser caracterísitica de una corriente literaria yanqui. Hace años, leyendo a John Updike, creo que en concreto algún libro de la serie de Conejo, recuerdo que al protagonista se le estropeaba el coche, y a partir de ahí el autor en apenas 56 páginas hacía una enumeración de pormenores mecánicos que por un lado me asombraban (yo no sé ni cuantos caballos tiene mi coche, por decir algo) y por otro me aburrían enormemente. También me hace gracia cuando un autor describe un paisaje y enumera un sinfín de variedades de plantas, flores, árboles o tipos de pájaros. Yo que soy poco versado en la naturaleza cuando veo un árbol, pienso "arbol" y cuando oigo el trino de un ave, digo: "vaya, un pajarito!"

Strika dijo...

No me sorprende la obsesión por el detalle en una sociedad que cada vez quiere especializarse más. Como dices quizá se lo debamos a Mecánica popular (ja, ja), aunque esa revista creo que no es tan especializada, pero al menos sí se lee la afición por detallar el funcionamiento de las cosas.

Puede ser interesenate leer los detalles de algo, siempre y cuando esté bien escrito. Las más de las veces es aburrrido.

Saludos, Mario.

mario skan dijo...

Andrómeda: el libro de Franzen parece una enciclopedia donde se reúnen todas las críticas a la sociedad de consumo yanky, es muy entretenida y larga, aún la sigo leyendo. saludos

Oesido: de Updike sólo leí Corre conejo y me pareció un libro genial.
Las enumeraciones técnicas no dejan de ser una tentación para los escritores ya que tanta palabra junta de un mismo campo no deja de ser una tentación-saludos

Strika: puedo asegurarte que estas descripciones son muy divertidas. Hay un episodio donde el doctor le receta a una de las protagonista, Aslan, un optimizador de personalidad, y le explica como funciona en las neuronas y los receptores. Es muy interesenta, ja- saludos

Ojaral dijo...

Acaricien los detalles, los divinos detalles!, decía Nabókov a sus alumnos. Hay varios usos del detalle. No es lo mismo la imaginación pictórica de don Vladimir, por ejemplo, que el mero despliegue de saberes técnicos de algunos autores de best-sellers. Hay toda una escuela, la del nouveau roman, basada sólo en el detalle. Es una forma, para mí, de crear un ambiente y puede servir, cuando se la usa bien, para hacer avanzar la trama. Al contrario de lo que le pasa a muchos, a mí el detalle me fascina. Leer El mirón, por ejemplo, y su despliegue obsesivo de objetos me enloquece. Piglia también aconseja a los escritores jóvenes que, cuando falla la imaginación, se aferren a los detalles. Y una historia sin detalles, es una historia sin verosímil. No sé, será que cada vez me interesan menos las tramas y más los modos de construcción. Otra cosa: suelo recordar mejor los detalles sin importancia que las viscicitudes de las tramas en los libros que más me gustan (un bosque en Bernhard, el parabrisas de un auto que refleja una calle cubierta de nieve en Nabókov, las oscilaciones de un papel flotando junto a un muelle en Robbe-Grillet).
Saludos!

De un paseo por los blogs

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