miércoles, 21 de abril de 2010

Orlando y las palmeras salvajes


El grupo de pachanga "Orlando y las palmeras salvajes" hacía furor en la costa el verano que compré el auto rojo. En la entrada de la tropicana, moteada de foquitos de colores que alternaban, destacaba el nombre del conjunto musical : Orlando y las palmeras salvajes, titilaba entre la columna de humo que pitaban los carritos de garrapiñada, manzana acaramelada y copos de azúcar. Un payaso repartía volantes en monociclo, para atrás para adelante, los pantalones cortina y unos zapatones de croto. Baile al son de Orlando y sus canciones. Entrada con consumisión. El afiche del conjunto mostraba a las palmeras salvajes con sus instrumentos, todos llevaban pipas y pantalones de montar con botas hasta la rodilla. El líder, Orlando, era un muchacho ataviado de mozalbete. Nada de camisa hawaiana ni sombreros panamá. Supuse que su hit sería Una rosa para Emilia o por la geografía del lugar, Las olas, pero este último era similar a la canción de Donald si no fuera que le faltaba una palabra y la conjunción.
Caminé por la peatonal con las manos en los bolsillos. Soplaba una brisa fresca , tuve que levantarme el cuello de la campera. Entré a un bar y pedí una cerveza. En la mesa de al lado estaban ellos, Orlando y ..., muy animados, desde ya. Estaban vestidos para el show, reconocí a su líder, tenía brillantilla en el pelo, de una de las puntas de la silla un gran sombrero emplumado asomaba. Los palmeras o salvajes, como uno desee llamarlos, tenían las botas impecables y de sus pantalones de montar emanaba buena calidad. Mi mesa tenía una pata coja casi desparramo la cerveza por el suelo, ¡epa compañero¡ dijo uno de ellos y lanzaron una carcajada. Una nena de una mesa vecina sacaba fotos y cegaba con el flash. Todavía no había terminado la cerveza cuando el mozo se acercó al grupo, habló en voz queda con ellos, luego se perdió tras un biombo del que apareció con una guitarra acústica y luego trajo dos guitarras más. Afinaron cuerdas y se largaron a cantar baladas de los Beatles, cantaron Nikita de Elton John en una extraña versión unplugged y un tema de Stone temple pilots para finiquitar. Digo bien: con el espontáneo show se pagaron las cervezas que no paraban de aterrizar junto con los platos de rabas, potes de pulpito y mejillones.
Yo tomé dos cervezas que me cayeron para la mona. Pero me quedé y aplaudí cada interpretación . La gente comenzó a levantarse de sus mesas para saludar y sacarse fotos con los desconocidos cantantes. Un par de chicas escribieron sus números telefónicos en servilletas y enfilaron tras una puerta batiente que se perdía en un pasillo mal iluminado.
Me fui en medio de un alboroto. Un muchachón golpeó al mozalbete y éste le partió la guitarra por la cabeza. Una estocada hubiera estado a la altura de las circunstancias. Era de esperar, qué estrella no se va sin provocar un breve disturbio. A buen entendedor pocas palabras era el refrán perfecto para los palmeras que se desempeñaron con ahínco en la trifulca. La policía intervino y se llevó al calabozo a los perdedores de siempre.
Caminé las diez cuadras hasta la calle de mi casa y ahí acabó mi salida. Esa noche soñé con una casa en la playa que no tenía calefacción.

7 comentarios:

oesido dijo...

Evocador relato Mario; excelente; y manejando la misma lengua, que distintas expresiones. Me ha recordado a los veranos en Sevilla: calor, cervezas, calamares, mejillones y música.

marichuy dijo...

Mario

Tu relato, me llevó a una ciudad costera; no sé porqué (será por lo de "Orlando y sus palmeras salvajes").

Y como ahora hace calor acá, hasta se me antojó caminar por esa peatonal y sentir la brisa muy fresca.

En mi familia, la cerveza tomada por la noche, es como sustituto de un somnífero.

Saludos

María dijo...

Muy buen relato, Mario. Me encanta lo del intercambio de teléfonos en las servilletas...me recuerda a tiempos pasados.
Feliz día del libro y felices lecturas...por aquí es el día de Cervantes. También por allí??
Saludos!!

julio e. dijo...

buen relato mario, me recuerda quiza por el "alejamiento" con que narras a levrero y algunas de sus "irrupciones". tambien comparte ese ligero acercamiento a lo onirico. buen relato

R. dijo...

¡Hola Mario!
Gracias por compartir con nosotros tu vena creadora.
Aprovecho la oportunidad para desearte un feliz día del libro y muchas lecturas inspiradoras.
Saludos,
R.

mario skan dijo...

Oesido<<<<.La playa siempre tiene este material o casi siempre.saludos

Marichuy:por estos lados por la noche llega el frío y el vaporcito en la boca elementos que me dan unas ganas bárbaras de caminas.saludos

María: por acá no es el día del libro pero si el mes de las ferias del libro.Habrá que dar una vueltita para conseguir algo. saludos

Julio: exagera un toco, levrero es un capo, particularmente su prosa va más allá de lo que dice. Saludos JUlio, ya voy para su sitio

R: igualmente por lo del libro aunque acá no se festeja. Te cuento que leo en paralelo con Crónica del ... el libro Al este del...
es decir, un empacho de Murakami. Saludos

Jorge Ramiro dijo...

Es muy bello cuando a través de un relato uno puede viajar. Me gusta cuando, a pesar de estar físicamente en los apartamentos en
rosario
leyendo un libro, me transporto a distintos paisajes en diferentes partes del mundo

De un paseo por los blogs

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