domingo, 14 de junio de 2009

Docentes


La profesora de literatura es una chica novata. Yo tengo 16 años y ella no supera los 23, es que ahora, con lo mal pago que están los profesores, los puestos en las escuelas secundarias están a cargo de los estudiantes cuya visión de la vida y del trabajo es tan precaria como su sueldo.

Ella dijo su nombre pero no lo recuerdo, lo que si tengo presente es la fea campera de cuero marrón que tenía el profesor titular de lengua y literatura de 4º; él editó un libro sobre el Martín Fierro y las rutas comerciales de los indios de la patagonia. El profesor "Fierro" ( así le decíamos ) estuvo unas pocas clases con nosotros, suficientes para leer algunas páginas de la primera parte del Martín Fierro y unas lecturas alusivas a la vuelta de Martín Fierro, intercaladas con unos textos de Borges y un fragmento de la película homónima protagonizada por Alfredo Alcón. Sin embargo nuestra predisposición negativa para recepcionar su discurso ayudó a que migrara hacia el box de una facultad y allí, dedicarse a desgrabar conversaciones de cintas TDK para su tesis de doctorado.

Pero ahora me estoy acupando de la profesora suplente de la materia lengua y literatura del cuarto año del bachillerato, una muchacha joven, de cabello corto, caderas anchas sobremanera y camisa de bambula, signo característico para todo el año. Supongo que vería a su grilla de contenidos tan extensa como el cruce de los Andes . Creo tener cierta ventaja en estos asuntos por sobre mis compañeros ya que mis padres son docentes, mamá es profesora de historia y papá enseña psicología en la facultad, pero no es psicólogo, eso es extraño y uno de los elementos que convierten a la profesión psicólogo como una coartada perfecta para latosos que quieren ganarse el dinero fácil. Mamá resuelve dos asuntos antes de meterse de lleno en su ocupación anual: qué apuntes utilizará en el año para los diferentes cursos y la dosis máxima que no debe superar de calmantes. Después sabe que hay fines de semanas que no puede hacer otra cosa que corregir. En cambio papá descubrió la forma de no ser autosuficiente, decidió concurrir al psicólogo. Toda la visión que poseo de la escuela pública, los profesores e inclusive, alumnos, se las debo a ellos. De manera que cuando un profesor se para adelante del curso lo primero que hago es mirarle los zapatos, oir su tono de voz y mirar su postura corporal. De ahí en más el margen de error es mínimo.

La profesora de literatura se presentó con un grabador portátil en la mano. No llevaba campera ni carpeta en la mano sino un bolso colgado al hombro bastante grande y de cuero, un punto a su favor. Enseñó unos dientes blancos y perfectos, otro punto a favor. Describió el auto con el que había chocado en la rotando camino a la escuela con palabras rimbombante y colocó una cinta en el stero de dos parlantes marca Pionneer. Dijo: De ahora en más, déjense llevar por la música, pensé, no es una consigna original, se parece mucho a lo que hacía en el jardín de infantes con la yerba y el café sobre una hoja Canson, pero a los 16 años es una idea tan alocada como bailar paso doble en un fiesta de 15. Al momento de pulsar play sonó la banda sonora de la película the wall.El curso siguió su rutina de meseta, inalterables, cumplimos la orden pero la creatividad que salió de ella estuvo muy por debajo de lo nefasto. Carlos, el alumno más aventajado en calle y teoría de las relaciones públicas, levantó la mano para leer primero su producción: A mi me gusta el helado de chocolate, lo como con oblea y whisky. No me gusta la polenta ni tampoco su color de naranja podrida. La profesora no lo dejó terminar, puso sus brazos en jarra y espetó: saben una cosa..? no tengo seguro

11 comentarios:

Mortimer Supuesto Discreto dijo...

bueno, eso nos pasa a muchos, estamos en un lugar y momento pero en verdad nuestra mente está en otro.

e. r. dijo...

Hola, Mariano
me encantó el comentario del doctor supuesto!!!
no lo entendí en absoluto.
después de todo, qué es entender?
lo único que sé es que también tuve una profesora que sedujo un batallón siendo completamente icomprensible.
las caderas de ciertas profesoras las sigo soñando...
en fin, te salió un texto formidable y encantador.
saludos

María dijo...

Muy interesante edad para conocer a una profesora de literatura con blaqueante dentadura. La radio me recuerda a mis cinco años y las canciones de Miguel Bosé y Serrat...mi tía estaba todo el día de un lado a otro con el radio cassette.
Leyendole viajé a otras épocas; colegio, instituto, los cinco años...
Saludos!!

marichuy dijo...

Mariano

Me sorprendió el desarrollo de tu relato. Yo pensé, soy tan típica, que esta historia hablaría de un adolescente... enamorado de su maestra de literatura.

Es tan común, que a la hora de estar en clase, cada quien esté en su propio mundo... incluido el profesor.

Es curioso, en medio del lamentable estado de la Educación Pública Mexicana, yo he sido afortunada. Mis mejores recuerdos de la Secundaria y la Preparatoria (bachillerato) se los debo a mis profesores de Literatura e Historia. Lo mejor que pudo sucederme.

Saludos

e. r. dijo...

He vuelto a leer tu relato y creo que es genial. No sé por qué. Quizá lo averigue en otra lectura.
David Lynch es un aparato.
saludos

Strika dijo...

Hola Mariano, qué profesora más curiosa. En su rollo, pero al menos con ideas. Je, je. Ya hubiera querido yo tener una así y no los fósiles que me dieron literatura en la preparatoria...

Saludos :)

R. dijo...

Hola Mariano!

No sé por qué me resulta impensable una profesora titular o suplente con esa edad dictando clases, o totalmente ajena a este mundo, frente a una caterva de adolescentes... Debe ser porque nunca tuve una que se le parezca, aunque sí llegué a concebirla en mi imaginación...

Ahora que recuerdo, hay un capítulo de Los años maravillosos en el que una maestra de literatura inglesa, la idealista señorita Shaw, rompe esquemas con su peculiar metodología, lo cual obviamente hará que dure muy poco, mas calará hondo en la mente del protagonista de la serie: Kevin Arnold.

Saludos,
R.

mariano skan dijo...

Mortimer: buena insignia, y es verdad, para mi, yo estoy perdido en el tiempo.
saludos

e.r: el profe titular de la materia era un tipo recio, con campera de cuero marrón lustrosa, la suplente, una chica sacada de los 80, pelo a lo divina gloria. eso recuerdo

María: yo tenía un radio grabador sin tapa, metía el caset en el hueco y le daba play, se escuhcaba medianamente bien, en esa época lo que más me gustaba era spinetta.

Marichuy: nunca me enamoré de una profe, me gustaban las dos chicas ayudantes de trabajos prácticos de la clase de gramática I, pero las vi tres clases.

Strika: creo que era una profesora valiente,nuestro curso era una plaga de atorrantes.

R. como le decía a Strika, la chica era joven y valiente, hoy también pueden verse profes muy jóvenes y lindas sobremanera dando clases. De igual manera el relato tiene una gran cuota de ficción.

saludos a todos

Leox dijo...

La profesora , es fumona , no se por que tengo la sensación.
Y tambien deja copiar en las pruebas , por que no le interesa las respuestas. Le interesa que los bambinos lean

mariano skan dijo...

Leox: puede ser que fuera asidua fumadora de zepelin y oyente de led también.
saludos

Andromeda dijo...

Yo tuve una profesora que nos contaba, clase tras clase, su enfermedad y una curiosa historia de amor con un médico surgida entre las idas y venidas del hospital.
De literatura también aprendí un poco, creo...

¡Saludos!

De un paseo por los blogs

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