sábado, 16 de mayo de 2009

Breve historia de la fotografía


Cuando mi amigo Victoriano me regaló el libro: La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica, lo primero que hice fue mirar la editorial y luego buscar la foto . Para empezar la editorial era Taurus y la fotografía, ahora no recuerdo si llevaba una foto del autor en la solapa, pero me consta que ese día vi una fotografía del señor Walter Benjamin y que le encontré un parecido a Giovani Papini. Luego caí en la cuenta que las gafas que utilizaron los dos eran similares, a saber: Papini, Benjamin y Gramsci, que asomó su rostro desde la tapa de un libro situado en el estante de la biblioteca. Agrego uno más al listado: Trotsky ( ver fotos, en orden, Benjamin, Gramsci, Papini y Trotsky)










 El libro de marras comienza con un artículo llamado "Pequeña historia de la fotografía" en el que  un tal Fusch, admite que le   fascinan los daguerrotipo.  Después me perdí en un cúmulo de reflexiones que hace el autor.



Quién lo diría, que una obra teórica, precipite mis recuerdos de niñez pero respetando el tema en cuestión. Mi abuela Pequita tenía una máquina reflex Leica tan simple que parecía de juguete. Venía embutida en un cuero marrón claro que desentonaba con el color original de la máquina y que según palabras de Pequita, ese dispositivo no venía con la máquina, sino que ella se lo había colocado, imitando a la radio del abuelo Corro, que si venía con una adminículo similar. Pequita tomaba delicadas fotos familiares: Cacho, mi padre, blandiendo una onda; Rita, mi tía, floreándose con un bonete en su cumpleaños número 9; Corro, chupando una naranja, esas son las que recuerdo con cariño.
Mi madre Lucía, también tiene un máquina reflex marca Olimpus. Aunque mi madre sí se dedicó a la fotografía comercial toda su vida hasta que se casó con mi papá Cacho que la sometió, para exagerar la cosa, a su negocio, en la pastelería. Durante un tiempo mamá se dedicó a fotografiar los pasteles de dulce de membrillo y batata rodeados de grageas, tartas de todo tipo para acompañar el té, escones servidos en bandejas de plata y masas. Fotos que incluía en un álbum que dejaba sobre uno de los mostradores del local para que los clientes vean que es verdad que la comida entra por los ojos.

Mi hermana Nacha sigue la tradición femenina de la familia pero ella tiene una Kodak digital de 6 mega pixel y el tratamiento que hace de las tomas es con un soft muy piola que le regaló Victoriano. Nacha toma fotos de paisajes que luego cambia de fondo o monta escenarios, en resumidas cuentas: hace lo que quiere, por eso, tanto mi abuela como mi madre le dicen: vos no haces fotografía y ella le contesta: Uds. menos.  Cosas de damas.
Como el abuelo Corro es un tipo conciliador organizó una salida a campo a fin de tomar algunas fotos y entablar un rango en la calidad de las mismas. Victoriano acercó las otras dos máquinas digitales que faltaban para no esperar el tiempo de revelado, síntoma que enfriaría la disputa, una lúdica disputa.
El caso es que salimos una mañana de otoño con destino a una chacra. Pequita, Lucía y Nacha, cada una con su máquina a la muñeca, obviamente que la que mejor se sentía era Nacha, por pertenecer a la era digital, aunque las otras dos no estaba acabadas ni mucho menos timoratas.
Pequita arrancó para el lado del puente en busca de unos cisnes. Nacha se subió la capucha del buzo y se aturdió de música. Lucía toqueteaba la máquina para entrar en calor. El sitio era una verdadera meseta con olor a sal. El viento nos movía el flequillo, las plantas acuáticas burbujeaban como si debajo de ellas una criatura babosa estuviera a punto de salir. Camino de regreso pasamos por un arenal inadvertido. Lucía pidió detener el auto, ella quería tomar acá unas fotos.
Según el reglamento de Corro, durante una semana, las chicas tienen tiempo para elegir sus diez fotos significativas. Por supuesto, como una selección viene de una fundamentación, el día de la muestra deberían tener un tiempo pautado, algo así como diez minutos por cada expositora, siguiendo un criterio numerológico y simpático, según Corro.
Por eso, hoy martes 15 de mayo espero con impaciencia las fotos de mamá, que sé, de antemano, van a ganar. Mamá siempre leyó los libros de Benjamin.

10 comentarios:

Ojaral dijo...

Seguro que gana su vieja, Mariano, con las fotos del arenal. Qué linda entrada, entre los recuerdos, las citas cultas y el torneo. Lo felicito por esa familia que tiene.
Saludos!

marichuy dijo...

Mariano

Qué bonito post(¡¡) Lo habrá notado: lo mío es la melancolía y además, me fascina la fotografía; en especial en blanco y negro. Y su post es melancolía pura y del más alto calibre.

No fue "una obra teórica" lo que desató sus recuerdos de la niñez. Fue la fotografía lo que le trajo de nuevo a su abuela Pequita, su abuelo Corro y a su madre, todos amantes de la fotografía. Caray y con Leica. La "Leica de Dios", le decían a la cámara de Cartier-Bresson.

Las mejores fotos no son las de pose, sino esas "images a la sauvette", como las llamaba Cartier-Bresson (a estas alturas ya habrá notado que soy su fan); para tomar una buena foto, se requiere poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo instante, decía también. Y los gringos, que todo los simplifican, acabaron reduciendo esto a "The Decisive Moment"

Ups, qué pena ya me solté en un comentario larguísimo; es que su post me desató mis propios recuerdos.

Saludos

PS por cierto: los lentes de Louis Pasteur ¿no se parecen a los de estos señores que cita usted?

María dijo...

Qué bonito relato, Mariano!! La fotografía es algo maravilloso, y me encanta el ritual de tu familia.
Mi primera cámara me la trajo mi tío de Irlanda y fue una cámara polaroid, de las que salían las fotos al instante...(me parecía magia)

Cada uno tiene una forma de mirar la vida, y quizá eso se refleja en la fotografía.
Saludos!!

emmaysushermanas dijo...

Qué lindo relato, Mariano. Tres generaciones de mujeres compitiendo a través de la fotografía.
Que gane la mejor foto, la que no haya perdido el aura.
Saludos

mariano skan dijo...

Ojaral: le aseguro que todas las fotos me salen movidas, tengo un par que saque con un Ricoh re-pulenta en mis épocas mozas. Ahora, en la era digital, todas sale bien.
saludos

Marichuy: me encantan sus comentarios largos, no conozco al tal Breson pero debe ser el que sacó la foto titulada el beso, supongo.La fotografía es un arte que me gusta pero soy ansioso para esperar el revelado. Amo a las máquinas, me gusta mirar el fotómetro y demás chiches. Debería subir sus fotos y escribir al pie, es un buen ejercicio.
siga escribiendo mucho, saludos

María:Me acuerdo de las polariods era fantásticas, son fantásticas, todavía están en vigencia. El color de esa fotos cuadradas es inigualable. Mi hermana tenía una Kodak cuadrada que llevaba cubitos de flash, también, de colores inigualables.
saludos

Toda la razón Emma, porque ahora con las digitales el alma está más expuesta a lucirse en cada fotografía. Gracias por pasar

Strika dijo...

Benjamin Linus, el villano de Lost, también tiene unos lentes como esos. :P

A ver si subes las fotos ganadoras a tu blog, ¿no?

Y no es que con la cámara digital todas las fotos salgan bien, sino que podemos elegir y borrar las que no nos gustan, sin haber gastado en el revelado. ;)

Un saludo

Andromeda dijo...

Lo que yo quisiera es ver alguna de esas fotos; el relato, precioso.
A mi abuela le encantaban las fotos y nunca perdía la oportunidad de retratar a sus hijos cuando pasaba por su casa el fotógrafo.
Después se dedicó a atesorar en un baúl todas las que podía sustraer de sus hijos ya creciditos, y nietos, más tarde.
Gracias a su capacidad de almacenamiento fotográfico pude conocer a mis bisabuelos y verla a ella de niña... Lo bueno es que mi bisabuela nunca creyó eso de que la cámara roba el alma.

Un saludo. :)

mariano skan dijo...

Strika:una máquina digital es una amiga del alma, te da varias oportunidades y permite sacar de uno lo mejor. EN cuanto a las fotos ganadoras y seleccionadas del relato, deberá imaginarlas, es un juego.
saludos

Andrómeda:Que bueno es tener una abuela memoriosa y sobre todo fotográfica, siempre hay alguien en la familia que tiende a preservar los recuerdos.
saludos

e. r. dijo...

Hola mariano, otra vez me ha encantado tu relato, y me gusta mucho que me guste, la verdad, pocas veces uno tiene ganas de releer inmediatamente lo leído (como me pasó ahora) para ver dónde mismo es que está la magia. Y, claro, encontré donde. en la sensibilidad doble, hacía la evocación y hacia la prosa. En fin. Le cuento. Hace unos años trabajaba en un periódico, y como a veces no había fotógrafo empecé yo a trabajar de fotógrafo para las notas que escribía. Rápidamente empecé a aficionarme a las fotos. Era un época de revelados, pues la revista era pobre y no podíamos pagarnos una digital. Entonces, luego de sacar las fotos, revelévamos los negativos y con una lupa escogíamos qué fotos pasarían al diseñador para acompañar o increpar los relatos. el caso es que luego de aficionarme por la fotografía, me aficioné al revelado. Es así que rápidamente empecé a recoger rollos de película de las calles, pues en asunción siempre hubo muchos rollos de película tiradas por ahí, costumbre inexplicable la verdad, rollos que entreveía en una bolsa de plástico, o dentro de una cajita de cartón, etc. Luego sometía a lupa estos negativos y encontraba allí de todo, bautismos, cumpleaños, cerveza de futbolistas en una cancha, mujeres, hombres, niñ@s, etc. cierta vez encontré el negativo de un culo bastante bonito embutido en una tanga con los colores de un club deportivo (el cerro porteño). entonces hice una ampliación del culo y pegué la reproducción a la pared de mi habitación donde ya había colocado otras fotos. estuvo allí, este culo, acompañandome mucho tiempo. le dedicábamos, mis amigos y yo, infinitas conjeturas. era sugestivo también el hecho de como negativo de la foto era viejo, tenía rayones, que en el revelado se manifestaban como agujeros oscuros, puntos en cuales parecía encontrarse el vacío que alguna vez nos absorvería a todos, absortos en un culo con tanga deportiva. sucedió que en una visita que me hizo mi hija, entonces tenía unos 5 años, al ver el culo en la pared lo sacó de allí y rompió la foto en pedazos. esto lo hizo, claro, mientras yo estaba concentrado en otra cosa. recién al acercarme a la pared, después que mi nena volvió a lo de la madre, me encontré sin el culo. busqué mucho el negativo de la foto, pero no apareció. luego perdí la costumbre de recoger negativos, pues, hay que decirlo, tras verlos durante años, uno se da cuenta de que adolecen de una lamentable monotonía. claro que espero encontrarme de vuelta con una foto tan linda como la del culo. En fin. saludos

mariano skan dijo...

Gua Ever, que cacho de comentario. El fin de un post es recibir comentarios y con éste que acaba de hacer, apago la luz por un día, me retiro a mis aposentos. Gracias.

Su historia con los rollos de fotografía se merece un relato que bien Ud. podría ejecutar con maestría. Que extraño Asunción con rollos de películas por doquier, puro realismo italiano y el ojete de marras un vagonazo. saludos

De un paseo por los blogs

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