viernes, 17 de abril de 2009

Arquitectura moderna



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Recibo  una llamada telefónica en la cual un amigo me pide un favor: ¿no podes donar sangre? Claro que sí, no veo dificultad alguna que me lo impida, respondo así porque últimamente estoy algo timorato al punto de provocar, creo yo, una mayor secreción de las glándulas sebáceas , y en consecuencia, el cabello comenzó a debilitarse. Lo que empezó con un simple llamado telefónico despertó un núcleo neurótico, un estado de ánimo que se manifiesta, además, en forma de bruxismo.
Mejor hubiera sido que viera esferas que rebotan en el piso y no quieren retirarse de la casa, aunque dudo de esto último, ya que vivo en un piso austero, conforme a los conceptos de la arquitectura urbana actual donde los espacios se reducen para dar paso a otros vectores que ayudan a nuestro bienestar, no sé si soy claro. Las esferas rebotadoras tampoco podrían andar de aquí para allá sin molestar a alguien, en mi departamento, porque no vivo sólo, tengo familia, cuatro hijos y esposa. Para colocarme en una posición extrema, supongamos que el día está lluvioso, las calles de la ciudad anegadas, hay paro de transporte y mamá, para mimar a los chicos, hornea una ricos escones. Si bien la casa no es grande los espacios están bien diferenciados por medio de puertas y una mampara. Sin embargo es casi imposible compartir una taza de chocolate caliente en la cocina, debemos hacerlo en el comedor, tender el mantel, preparar los individuales de hule, la azucarera y demás utensilios necesarios para la ocasión. Varias veces le trasmití este pensamiento a Biber, es imposible hacer algo informal en casa, todo resulta sofisticado pero lo más lamentable, comprimido.
Durante la mañana de ayuno, previo a la extracción de sangre, lo único que ingerí fue una taza de té con dos sacarinas. La bioquímica me había llamado el día anterior, por la tarde para indicarme las precauciones que debía tomar . Un compañero me advirtió iba a tener el día libre ya que es importante estar en reposo luego de la extracción. No me puse contento, tampoco soy un frenético del trabajo pero si algo me llena de satisfacción es estar en mi espacio laboral, mi lugar en el mundo, la posibilidad de continuar expandiendo el horizonte en varios aspectos que no vienen a cuento transcribir. Antes de salir estuve anotando en mi pequeña libreta lo que no debía olvidar: pasar por la biblioteca pública para devolver un disco compacto, visitar a Flora en la habitación 123 de la clínica Arrayanes, tramitar mis arreglos odontológicos en la obra social y por último, un breve listado de provisiones para el supermercado: una lata de tomate, papa, zanahoria, fideos rellenos de jamón y queso, pasta de maíz para la comida del sábado a la noche y dos cartones de leche descremada. Me calcé el abrigo. Apenas llovía. Cuando llegué al laboratorio la gente se apiñaba frente al mostrador. La donación es un acto altruista por lo tanto no debería aguardar más de media hora y fue así, una de las empleadas me indicó que la sala de hematología estaba " siguiendo el pasillo lateral, al fondo". Nunca hubiera imaginado que las oficinas fueran confortables, hace aproximadamente dos décadas que la arquitectura urbana ha fijado un objetivo que no podría explicar con una oración, ni siquiera un párrafo. Una enfermera me enseñó su dentadura perfecta y me tendió una hoja plastificada que comenzaba con unas palabras de agradecimiento hacia el donante, luego se iba convirtiendo en una especie de advertencia religiosa y por último, para cerrar el círculo de prevenciones, una bioquímica joven de gafas doradas me realizó un interrogatorio sobre mi vida sexual, odontológica y ética. Terminado el cuestionario sentí que podía ser miembro vip del paraíso. Acabé acostado en un catre con una aguja en la parte interna del codo y una bolsa plástica con capacidad para 500 cm3 hinchada de sangre. Mientras el proceso se completaba, la enfermera me contó que su hijo comenzaba primer grado. Sabía leer y escribir, además de dibujar muy bien para tener seis años. Le encantaba visitar el museo, muestra de cuadros y fotos que se realizaran en cualquier galería. Ella tenía la sensación que su hijo iba a ser artista. Es posible que se incline por la arquitectura, le solté para alargar la conversación y seguir admirando la belleza inusual de la enfermera, la arquitectura es una disciplina que durante las últimas décadas sufrió una transformación en el aspecto estético, en cuanto a fachada y diseño de interiores, prevalece un factor que... es una idea que aún no termino de cerrar. La mujer me quitó la aguja al tiempo que metía el labio inferior en la boca como si fuese un puchero, lo interpreté como un tic. Salí de la sala, me tomé un café y seguí mi camino.

12 comentarios:

Strika dijo...

Hola, Mariano:

¿Sabes? Yo nunca he donado sangre. Y es que la lista de requisitos que ponen aquí es tan estricta que, como bien dices, si cumples con ella puedes ser miembro VIP del paraíso.

Y me da gusto saber que, "siendo un acto altruista", al menos no lo hacen a uno esperar horas. Je, je.

Un saludo

Ojaral dijo...

Genial, Mariano. Esas vueltas por la arquitectura, la burocracia médica y el erotismo. Dese la oportuna cita de Kafka hasta la enfermera que se muerde el labio en una alusión al deseo sexual contenido. Y esa frase ambigua, al final, sobre los cambios en la disciplina, que no sabemos si refiere a la arquitectura o a la enfermería. Un master piece de su blog, esta entrada.
Saludos!

marichuy dijo...

Mariano

La arquitectura moderna me gusta; lo que no me gusta es la modernidad de las grandes urbes, donde la falta de espacio (y de plata, claro) ha derivado en viviendas que parecen cajas. Al menos acá en México, abundan los condominios carentes del menor gusto arquitectónico; donde uno vive casi apeñuscado, como en cajas de zapatos apiladas en largas columnas y en un descuido, igualitas a los cementerios verticales (a falta de espacio, ahora a uno ya no lo entierran en contacto con la tierra, sino en compartimientos -cuyo espacio es justo el de un ataúd- alineaditos uno sobre otro).

Mi experiencia como donante de sangre es un poco frustrante: una amiga me pidió donar sangre en el Instituto Nacional de Cardiología donde operarían a su madre y le pedían un montón de donantes. Y ahí voy yo a las 6:30 AM, en ayunas y sin haber cenado la noche anterior; lo primero que me toca es contestar ese larguísimo y detalladlo cuestionario, casi como para elaborar la historia clínica mía y de mis padres. Pero lo mejor de todo fue la sección de prácticas sexuales: lo que uno se imagine sobre indiscreciones en la materia, ahí había una pregunta; creo –y no estaría segura- que solo faltaba preguntar sobre la edad de la primera relación sexual. Total, después de contestar todo eso, me salen con que no podía donar sangre pues me faltaba un Kg para dar el peso requerido y estaba yo algo anémica...

Saludos

e. r. dijo...

Hola Mariano!
Me encanta tu manera de relatar, la prosa, etc. Encantador la verdad.
Yo por mi parte lo que tengo que decir de la arquitectura es que ya tengo casi dos años conviviendo con cocinas kittchinete y tengo por delante, en el nuevo depto, otro año y medio. A menudo con mi mujer nos preguntamos si alguna vez volveremos a ver una cocina completa. Ojalá.
Tomate leche para recuperar la sangre, si hace falta, aunque vale recordar que las sagrías fueron medicina durante siglos.
saludos

Hacker Fox dijo...

el amago de disgresión al principio del segundo párrafo me pareció excelente, será porque me recordó también un poco a la situación en la que tengo que explicar en que consiste mi trabajo: "... no sé si soy claro". Muy fresco, muy tranquilo, muy ... no sé. Muy bueno el texto, claro. Me daré un tiempo para leerte desde el principio.

María dijo...

Me encantan esta historias cotidianas que nos regala de cuando en cuando. La verdad es que la arquitectura está muy presente en mi vida..."mi compañero de viaje" es arquitecto técnico (o ingeniero de la edificación, como se dice hoy en día) y desde luego...hay edificios que son para pregunta..."¿usted pensó en alguien cuando lo construía? ¿pensó en las familias que vivirían aquí?" Ahora estoy buscando donde vivir, porque donde vivo...me encanta, pero no puedo quedarme. En fin...espero encontrar algo. No me importaría vivir en una casa de madera, con tal de ver árboles alrededor.
Yo no puedo donar sangre, mi compañero lo hace habitualmente (quizá para equilibrar algunas de las obras arquitectónicas que hace...ahora está haciendo una biblioteca feísima...en fin...)

mariano skan dijo...

Lo bueno de los relatos es que uno puede inventar todo, mentir alocadamente nombrándolo con una frase algo torpe. Es verdas que doné sangre pero la sala parecía un invernadero pequeño. Y vivo en una casa con tres hijos, compañera y patio, faltaba más, habito en la PATAGONIA.

Strika:ni bien entré al consultorio y vi que había tanta gente pensé, acà seguro no es, y si es acá, debo pasar primero, esto es gratis.

Ojaral: Blumfeld, un solterón de Kafka, si pensé en él, en su obsesión y la esfera que lo persigue por el edificio y en la parte final, y en la casa del gato que pelotea de Balzac pero sólo por el título. qué grande ¡¡¡

Marichuy:soy un neófito de la arquitectura por eso ficcioné sobre ella. Aunque sé que durante el proceso militar se construyeron unos barrios "tipo caja de zapato" que conglomeraban a 1000 flias, el resultado lo sabés.

Ever: cuando terminé con la donación me dieron dos alfajores marca Grandote que faltaban a la verdad, en el pasillo me zampé un cafecito y creo poder afrontar el partido del sábado.

Hacker Fox: decididamente porque no sé nada de arquitectura, una salida oportuna.Ahora me intrigó con su trabajo.Gracias por pasar. Visitaré los suyo, tiene varios.

María: debe velar por los potenciales usuarios de la biblioteca, influya en el arquitecto,ja


saludos a todos

Lluís Salvador dijo...

Hola:
Ficción o no ficción, esto es un relato... o el inicio de una novela, como prefieras. Muy a lo Carver, tal vez, pero relato.
Tienes una vena (ningún chiste pretendido) a desarrollar, Mariano.
Un saludo!

R. dijo...

El año pasado me tocó donar sangre para un familiar, aunque lejos estoy de ufanarme de que una gota de mi O+ corra por sus venas. El medio litro donado iba derechito y sin escalas al banco de sangre. Recuerdos: muchos requisitos, un interminable cuestionario, medida de la presión, etc.

Saludos,
R.

Carolina dijo...

Hola, Mariano:
Cada vez que me toman una muestra de sangre experimento mareo y náuseas; así que durante la lectura de tu relato estuve mareada. En cambio, a tu personaje le dio tiempo para observar detalles arquitectónicos y hasta coquetear con la guapa enfermera y escuchar las historias de su hijo, el visitante de los museos.
Saludos.

Andromeda dijo...

Realidad, ficción, o ambas, me fascina leer acerca de la vida cotidiana, y más cuando el autor escribe tan bien.

Saludos!

mariano skan dijo...

Andrómeda: exagera, pero igual, gracias por el cumplido.

Carolina:en mi primera extracción no sufrí ningún síntoma, sufro más con la altura. Seguiré pasando por tu blog, es muy bueno.

R.Es verdad, te miden la presión, me dio 14-8. MI sangre también iba la banco, que raro, no termino de imaginar qué es. Será un freezer repleto de bolsitas?

Lluís: la verdad que intento escribir pero son pocos los logros.
Me gusta mucho Carver que llega a mi a través de sus traducciones. El último cuento que leí fue ese del pavo real y el niño feo, lo recuerdas? está en el libro Catedral.

De un paseo por los blogs

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