viernes, 11 de julio de 2008

UNA NOVELA DE DICK




A primera vista parecía una olla de guiso hirviendo a la intemperie bajo una atmósfera de menos 10 grado. El vapor que echaba era tan denso que se parecía un cacho de gaza suspendido y los borbotones que hacía eran físicamente perfectos, primero se hinchaban hasta formar una panza que al no soportar los gases del contenido de la olla en proceso de cocción reventaban con un sonido plop, plop.
Yo no había visto a cocinero alguno frente al asunto. La olla se mantenía sobre dos maderos cruzados, invulnerables ante las llamas. Me llamó la atención el color del fuego, producto de un frío seco que cobijaba todo. Desde uno de los autos que se aparcaba a la vera de un gran escenario, fumaba un cigarrillo tras otra a la espera de mi compañero que había entrado en uno de los deptos de un edificio medio en ruinas pero que al parecer albergaba a gentes.

Desperté.

A veces tengo sueños de ciencia ficción, eso que no leo nada del género. Lo último que leí fue UBIK en una edición cuya letra chiquita me provocaba fuertes dolores de cabeza por lo que tuve de leer con medida como si tomara en un vasito de vidrio poderosas infusiones con marihuancias.

UBIK, debería leerlo de vuelta porque entendí borrosamente la idea, o es que borrosa y desdibujada es la sensación que te queda al leer la historia del aerosol y de todas esas cosas que aparecían desde otros tiempos. Los cortes espacio-temporales siempre me dejaron una sensación de consternación. Cuando iba a cuarto grado y la maestra dibujó un rectángulo en la pizarra y dijo esto es el plano, luego punzó la tiza y le colocó una letra, esto es un punto. Tomó aire y trazó varios punto en una linea que tenía en uno de los extremos una letra y en el otro extremo una flecha, esto es una semirrecta y por último trazó una recta con flechas dibujadas en cada uno de los extremos y sentenció: y esto en una recta, no tiene principio ni fin, es un conjunto infinito de puntos y yo veía atravesar esas lineas el ventanal del segundo piso, cruzar el monte, el cerro y un valle hasta llegar a un mar y seguir, se saldría de la tierra? Ah, este mundo euclidiano.

Philip Dick me atrapó con Valis. Me dediqué un tiempo a buscar material sobre su vida y di con una novela que pintaba mejor su biografía que los largos y pesados artículos escritos por sus fanáticos. Historias de un artista de mierda, así se llama, Lo leí de una sentada frente a la pantalla de la PC. El muchacho de Berkeley casado con una marxista y vendedor de discos de música alternativa recibía visitas de agentes de la CIA y luego conocía a una muchacha que vivía en una casa ubicada en una colina en las afueras de San Francisco que tenía un prado y un caballo semental de músculos brillosos. La casa era un ensueño. A lo lejos se podía ver el océano y por las mañanas la bruma que se levantaba de la bahía era tan espesa que el prado verde se convertía en un escenario surrealista cubierto de gansos, patos, ovejas y el semental.
La historia narrada por Dick prefigura a los grupos new age en los años 50. El alter ego de Dick abandona a su primera mujer y se va con la dueña de casa sin embargo su nuevo matrimonio se iría al garete, él sospecha que ella lo quiere matar y está seguro que lo engaña con un tipo.

La tapa del libro, escaneada, muestra al puente de Frisco . Cuando tuve el programa google earth visité el lugar mediante las fotos estáticas. Trataba de imaginar en qué lugar de esas colinas verdes se ubicaba la casa.

Philip Dick fue uno de los primeros en escribir que dios era una máquina inteligente de otro planeta, SIVIANI, que luego retomarían, entre otros, los guionistas de Matrix. Pero no hablemos de originalidad.

3 comentarios:

Humanoide dijo...

Te envidio.

Humanoide dijo...

Uf. Hace años que estoy tras la pista de esta novela...

Que suerte tienes de tenerla, camarada.

Un saludo.

mariano sandokan dijo...

Me gusta esa foto.
Todos los libros de Dick están en la
web, es más, UBIK y El hombre en el castillo son los únicos libros de Dick que leí en formato papel, los demás me quemaron los ojos.

saludos humanoide

De un paseo por los blogs

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