sábado, 28 de junio de 2008

LECTURAS

El tilo, César Aira.
El libro está editado por Beatriz Viterbo, los típicos libritos de cubierta blanca con la ilustración
en el medio. Esta vez se trata de un tilo dibujado con enormes hojas verdes mechadas con algunas flores amarillas y un tronco fenomenal. 124 páginas de una historia de pueblo donde el peronismo y la histeria pueblerina se dan a correr por las páginas. Yo soy de un pueblo y vivo en un pueblo ahora, un tanto más grande que en el que nací. Mi pueblo natal se encuentra en el vértice sur de la provincia de Buenos Aires, ubicado en el partido de Patagones, último bastión heroico en la guerra contra el Brasil imperial.

Carmen de Patagones se recuesta sobre una barranca lamida por el río Negro. Enfrente de la plaza y la iglesia se erige la ciudad de Viedma, capital de la provincia de Río Negro, pero a qué viene tanto cuento si hablamos de Aira y su tilo?

Es que los pasajes en los que describe Aira a Pringles me recuerda a ciertas esquinas de Patagones. Aunque son dos pueblos que se encuentran a una considerable distancia entre si, coinciden en algunos puntos arquitectónicos, por ejemplo: casas altas, puertas de dos hojas, construcciones con muchas habitaciones que dan a un patio que en un tiempo tuvo un aljibe.



Aira es un narrador y su misión es contar con perfecta y deleitable sintaxis . Sus tramas son inexistentes o absolutamente híbridas, relatos sin tensión ni misterio. Los hechos se hilvanan por el relato sobrio de los narradores. Pongamos el caso de El tilo que comienza con la descripción del árbol y luego se las trae con los peronistas y agrega un elemento fantástico como el caso de que las familias peronistas en Pringles eran de dos tipos: con un hijo varón o con tres hijas mujeres.
Resultado de un peronismo exacerbado.

En la novela La cena, también ambientada en Pringles, cuenta otros pormenores de la vida pueblerina. La voz chismosa omnipresente como un reflejo de las primeras historias de Puig.
Sin embargo La cena se tornará una historia de zombies de primera mano cuando los muertos comiencen a levantarse de sus tumbas y se inicie una carnicería en gran parte del pueblo salvada únicamente cuando uno de los muchachos reconozca a un muerto por su nombre. Aira remata la historia con una seña de identidad.

Confieso ( los blogs se han hecho para confesar) que seguiré leyendo al señor Aira. La otra mañana, una en la que había niebla y los troncos de los plátanos no se veían, comencé a leer otra de las historia-Aira, esta vez se trataba de Como me reí. El escritor está harto de que la gente lo salude y de espete como me reí con tu libro. bueno, y toda una ficción que se desencadena con esa primera impresión. Cuando lo termine, es corta la historia, volveré sobre ella. Pero ahora me compré Los detectives salvajes y no paro de leer a Bolaño.

2 comentarios:

Carlos A. dijo...

Los detectives salvajes vale por cincuenta Airas, pero dejo afuera a Ema la cautiva, una novela genial, primorosa, esteticista, sofisticada y
etcétera.

mythos dijo...

Hola Mariano, cuando tengas tiempo lee el "Evocados" que hice en mi blog, esta direccionado a tu log.
Comentame que te parecio.
Saludos
Mythos.

De un paseo por los blogs

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