domingo, 1 de junio de 2008

EVOCADOS

No sé por qué pero estos días, grises y cansinos, me recuerdan a Onetti. Más claramente, me traen la imagen del escritor uruguayo, calvo, con las órbitas de sus ojos inflamadas y estrábicas. En un tiempo usó una barba estilo zamba Quipildor y anteojos con marco de carey.
Onetti debe ser el escritor que peor lo trató el paso del tiempo. En sus fotos de juventud se lo ve enérgico, intenso y en las de su exilio en Madrid, tumbado, tal vez ebrio ( asoma la botella de whisky debajo de la ropa de cama ) y él, vistiendo un pijama a rayas, no lo recuerdo.

Onetti se casó varias veces y entre parientes quedó el asunto. Primer matrimonio con fulana, segundo matrimonio con la hermana de fulana que además eran primos. Dicen que se disputó una mujer con Cortázar y que el ganador fue el cronopio. Fue en los tiempos en que Onetti vivió en Buenos Aires y trabajó para un diario y Reuters.

El infierno tan temido lo leí varias veces. En la escuela, en el trayecto del colectivo entre Neuquen y Cipolletti, en una sala de espera de una clínica. Es un cuento que me carga la piel de gránulos. Puedo ver el sobre papel madera con los sellos y por la boca asomar el borde rectangular de las fotos blanco y negro borroneadas. Leí varias veces esa parte para intentar rescatar una imagen de esas escenas lascivas, el cabello revuelto, la comisura de los labios, el gesto de pérdida.
Fueron varios sobres. Todos ellos traían dentro fotografías de una mujer gozando. De su ex-mujer gozando con amantes ocasionales pero no está dicho así, esos es lo que uno piensa que dice.
Al final el tipo se termina matando. La extorsión psicológica lo quiebra, lo hunde en el lodo de la concupiscencia. Pero volví varias veces a ese cuento para encontrarme una y otra vez con ese resto de ignominia que hay en mi memoria de lecturas, de posibles escenarios y de vidas imaginarias.

Onetti presenta la particularidad de ser un escritor de la forma. A su vez guarda un as bajo la manga al delinear con trazo tenue la trama del relato que provoca la tensión del mismo. No soy crítico, eso es lo que avizoro y rescato de él en su aspecto técnico, de su laboratorio de escritura como dice Piglia. En Onetti vamos a encontrar armazón y decorado. La dosis de sentimientos turbios. decadentes y nocivos. Muchos quisieron ver en su literatura la desazón de latinoamérica.


Los gustos de Onetti fueron siempre públicos: las novelas de Faulkner, el revolver sobre la colcha en las fotografías de su casa de Madrid, el whisky y las mujeres jóvenes.

Los días como hoy me recuerdan a Onetti y tal vez sea un pecado que aún no haya podido entrarle a La vida breve que me espera troquelada en uno de los estantes accesibles de la biblioteca. Alguna vez lo abrí, en una edición de Sudamericana, tenía la letra tan chica que dejé el asunto para más tarde.
"Mundo loco-dijo una vez más la mujer, como remedando, como si lo tradujese", así comienza La vida breve, no es un inicio fácil, no te toma de la solapa (¿ quién utiliza prendas con solapas ?).
Recuerdo la descripción del astillero, decaído y abandonado, las cajas de bulones tirados en el piso de tierra, los ventanales sin vidrios por donde penetra un viento demoledor y triste. La desolación en un edificio donde se construyen barcos.

4 comentarios:

mythos dijo...

Confieso que aun no leo a Onetti, pero tu evocacion lo hace un compromiso.
Hace mucho que estoy con la historia de Roma, y es una buena idea cambiar de aires.
Seguire visitandote.
Un saludo.
Nicolas Brito.

El Titán dijo...

Coincido con Mythos.Me dan ganas de leer a Onetti gracias a este canto en su honor.
Muy bueno.

mariano sandokan dijo...

Titan, Mythos, estuve ojeando El pozo de Onetti, por lo que promete es una novela corta que ofrece un condensado de su obra.
Gracias por los comentarios. mariano

Humanoide dijo...

Qué tipazo Onetti.

Gracias por el post.

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