domingo, 11 de mayo de 2008

HAY CENIZA POR AHÍ

La niebla es una nube volcánica.
El sol se esconde tras esa película grisácea justo encima de una alameda pelada.
Parece que la nube de ceniza volcánica sigue su rumbo al norte del país. Ahora no es el humo de la quemazón de campos sino las tripas de la tierra, diseminados para volver abajo nuevamente.
Ayer, mientras el auto corría por el camino de herradura entre el monte de manzanos sin cosechar, los colores se veían borroneados. Acuarela ejecutada por el dedo enorme de la imaginería. Nos detuvimos un momento para saltar un alambrado firme que protegía una hectárea de manzanas abandonadas. Tore cargó unas seis entre su buzo deportivo. El Tucu las cargaba entre los brazos haciendo un gesto de genio de botella. Un Renault 12, veinte metros atrás, hacía la misma faena. Horas después, cuando Biber cortó la manzana con cuchillo Tramontina, notamos la pulpa con un círculo concéntrico de helada. De igual manera contribuyó a aportar la cuota de azúcar que nos faltaba después del partido de fútbol. Seguimos nuestro rumbo al predio donde nos juntábamos a comer un asado. El camino bacheado con lamparones de brea, la inexistente línea divisoria y el desperdicio de hojas tiradas sobre el azul gastado del asfalto convertía al trayecto en un apacible paisaje que corría detrás del parabrisas.


Crujen las hojas secas que maculan el ripio del camino.
No hay olor a lluvia . Pero el cielo pareciera explotar en cualquier momento.
El que pedaléa siente el corazón trotar. Merma el trabajo y se deja estar en la silla. Llegará de un momento a otro. Mira hacia arriba, la punta de los álamos pelados, los sauces de las acequias conservan un poco de verde hasta la próxima helada que puede ser esta noche. Hay una hilera de troncos atravesados por alambres que brillan a la luz inquieta del día volcánico.
El ciclista llega a destino.

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