miércoles, 2 de abril de 2008

MOBY DICK EN KAMCHATKA


Moby Dick me aguarda en la mesa de noche. Es que tengo un plan para su lectura y debo respetarlo. En casa leo Kamchatka, de Figueras y en el trabajo leo la historia de la ballena blanca.
Sin querer advertí que ambas novelas tenían una conexión , me refiero al epígrafe que colocó Figueras al comienzo de su libro: " It is not down in any map; true places never are."( Herman Melville, Moby Dick ). Trato de pensar en el hilo que une estas obras y arriesgo una hipótesis en la que me baso sobre el sonido de las palabras Nantucket, puerte pesquero por excelencia de donde parte el Pequod , y Kamchatka, país asiático del juego de TEG y lugar imaginario de resitencia de Harry Vicente.
El camino que desandé para entender porque había elegido leer en ese momento Moby Dick comienza la tarde en la que mi amigo Pablo dijo, sobre la mesa te dejé apilado tres libros de Paul Auster. Debo confesar que luego de la lectura preferí El palacio de la luna, por ser una historia de aventuras que hacía mucho tiempo no leía. Sin embargo el policial La trilogía de Nueva York me sembró inquietudes de tipo literarias: quién era Thareau y qué era el Walden; el señor Hawthorne; el barbado poeta Whitman; todos esos escritores rodeados por los bosques del este americano. Melville era amigo de Hawthorne, le dedica la novela Moby Dick. Leí por ahí que Melville no conoció la grandeza que alcanzó su obra, por el contrario, sufrió contratiempos económicos mientras la escribía. Moby Dick sigue siendo hoy una lectura extraña. Es la historia de una obsesión, la descripción de la caza de ballenas, un tratado de cetología o una crítica a la vida de los balleneros. Los académicos la han erigido como la gran novela norteamericana. Las distintas interpretaciones que le confieren al texto la convierte en una obra cada vez más leída y apreciada.
Pero aún no terminé la lectura de Kamchatka ni Moby Dick, me muevo por las orillas de ambos. Buscando puntos de conexíón o escenarios similares.

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