martes, 4 de marzo de 2008

LECTURAS


Las palabras se van hilando a una velocidad vertiginosa. La historia trata de ubicarte en un lugar que no es este pero tiene gran parecido. La voz narradora avasalla con su verba y el personaje central de la novela escribe un diario minucioso de su cotidianidad. Más o menos así va la cosa con la novela de Marcelo Cohen Donde yo no estaba.
Los relatos de Cohen tienen más de descripción de estados que de sucesión de hechos, acciones puras y las digresiones de sus personajes apuntan al mundo físico y su percepción. Un grito es objeto de reflexión de un insomne; la señorita Olga Palapot, de tres brazos, y una intriga política-amorosa. También está el relato de los presidiarios que tratan de huir de una cárcel que está a orillas del mar.
Marcelo Cohen propone textos a los que hay que abordar con actitud. Desprejuiciado con el lenguaje, forjador de espacios alternativos, mundos futuristas, freaks, y una coyuntura inflacionaria.

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