jueves, 20 de marzo de 2008

CLARITA Y MAGDA

La repetición de las calles, aunque hubiera querido darle una vuelta o trazar diagonales, no arreglarían en nada a las mañanas en las que tengo que marchar hasta la oficina del segundo piso, enfrente de la municipalidad y el monumento a San Martín.

El vestíbulo machihembrado y pulido con lija cero y sobre eso una manito de barniz, es tenaz con su reloj perforador de tarjetas, un palimpsesto severo para el dormido o huraño.

Hay que trepar una escalera de granito y esquivar al ordenanza, colgar el abrigo en uno de los ganchos de aluminio que sobresalen del listón, esta vez patinado por la Lucy, con arreglos florales resaltados en dorado, y sentarse a esperar, la muerte en su máxima expresión, el bibliórato catalogado con una letra y un número de registro que se pierde en el universo del archivo metálico.

Aunque la calle se muestra un hervidero y pasa de vez en vez una que otra muchacha , el tedio es un cáncer que avanza impertérrito. A media mañana me encierro en el baño de la oficina.

A la una en punto las empleadas descuelgan sus abrigos, el ordenanza hace su última visita con la bandeja y el jefe apaga su pipa negra y la esconde en el saco.

Pero esa no es la hora en la que parte Clarita. Ella se queda porque llegó más tarde que todos, porque el puente la retrasó una hora, porque la radio puso al aire el nuevo álbum del cantante cubano. Encogida en la silla de cuero revisa papeles. Si supiera que la maleza avanza en los bordes del cantero de la calle estoy seguro que con una azada hubiera bajado a quitarla, metido en una bolsa de consorcio y echado al cesto. Le debo respeto y horarios. Me quedo a acompañarla en su agenda vespertina aunque sé que esto no me significará nada en la foja de servicio.

Dice: ¿no tenés nada que hacer? Pienso en mil cosas. Debo respetar las normas de tránsito, sacar a pasear al perro, revelar las fotos de la barda, aquellas que tomé el día de viento y la bandera chicoteaba el aire.

Salgo a las cuatro de la tarde. El sol está tibio. Para llegar a casa debo cruzar la autopista, dos baldíos y el barrio gitano. Decido hacer una visita a Magda que vive de pasada. Me atiende, como siempre, con urbanidad.

Prepara unos mates detrás del biombo mientras me indica la pila de discos para que elija. La tapa colorida de un LP me llama la atención. La bandeja gira y comienza la música. Hablamos como quien no quiere la cosa. Echamos humo ocioso.

Magda está cada vez más gorda. No le digo. Ella me hubiera herido con una palabra que no imagino pero sería cruel. La maldad natural que emana de su persona, estoy seguro, mata plantas y animales. La biblioteca está tapada por una cortina de lino que sacudida por el viento se posó allí. El libro de Capote no tiene tapa, las hojas amarillas liberan un olor picante, es la humedad que cría hongos. Magda no leyó este libro, me doy cuenta por su estado, pero a mí que me importa. No sería la primera vez que después de leer un libro prestado el lector no decida comprárselo en una casa del usado. No comprendo ese odio para las personas que leen. Olvido todo. Seguimos hablando de la música.

3 comentarios:

mythos dijo...

Hola Mariano, un saludo a la distancia.
Leerte es parecido a quedar con nostalgia de algo, una sensación de algo perdido.
Es interesante provocar sentimiento cuando se entrega el mensaje.
Un abrazo.
Mythos

Mariana dijo...

Estoy entre hipnotizada y nostalgica, tal como dijo Mithos.

Ya no sé desde dónde llegué a tu blog, pero sé por qué: me llamo Mariana y mi viejo eligió ese nombre para su hija no nacida (y a muchos años por nacer) leyendo, justamente, las aventuras del Tigre de la Malasia.

¡Con los chusma que soy, desde luego no lo iba a dejar pasar!

Que el blog de alguien cuyo nick me remite a muchas cosas destile literatura y olor dulce, a papel libros viejos... definitivamente me conmueve.

Gracias.

mariano sandokan dijo...

Gracias por los comentarios.
Estuve desempolvando los recuerdos y como se ve tiene olor a papel húmedo como los libros que quedan olvidados en algun arcón.

De un paseo por los blogs

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