viernes, 15 de febrero de 2008

El diario de Cheever

Hace poco compré en una librería, escondida entre negocios de zapatos y muebles restaurados, el diario de Cheever. Llegué a él por diferentes lecturas de escritores que no comparten los mismos criterios salvo la lectura edificante del diario de Cheever.
El libro es una reedición de EMECÉ. El prólogo y las anotaciones están a cargo de Fresán, al parecer, digno lector de literatura inglesa y norteamericana de mitad de siglo XX en adelante. Fresán es el tipo de escritor que relata el lado visible de las relaciones que estableció Cheever con sus contemporáneos ( Capote, Miller, Mailer, Updike y Bellow ) o las reacciones que le provocaron la aparición de tal libro o un premio otorgado a fulanito.
Cheever llevaba un diario que redactaba en una máquina de escribir y que luego guardaba en una carpeta anillada. Así fue acumulando años y textos. El editor, junto con Benjamin Cheever, seleccionaron "los pasajes significativos" que van desde fines de los años 40 a los 80.
Cheever tiene la particularidad de ser sumamente certero con las palabras a la hora de expresar sentimientos. Asediado por la bebida, la homosexualidad y la culpa que le generaba la doble vida,este diario se puede leer como confesión, ensayo sentimental o clase magistral de cómo exponer las palabras a la hora de ser claro porque Cheever no desmerece en ningún momentos el acto de escritura.
Si tienen pensado dar un recorrido por los suburbios norteamericanos de los años 50 y no sólo eso, sino conocer los corazones agitados y mojigatos de sus moradores, lean Diarios de John Cheever.

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